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sobre Muro
Municipio que combina un pueblo interior tradicional con una extensa zona costera en la Playa de Muro; parte de la Albufera
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El turismo en Muro suele empezar un domingo por la mañana. A esa hora el mercado ocupa varias calles del centro y el pueblo cambia de ritmo: llegan coches de las fincas cercanas, vecinos de otros municipios y gente que baja desde la costa. Es una escena bastante habitual en Mallorca, aunque aquí coincide con algo menos común: el mercado se celebra en domingo, cuando en muchos otros pueblos la semana comercial ya ha terminado.
Muro se encuentra en el norte del Pla de Mallorca, en una franja de terreno que baja suavemente desde el interior agrícola hasta la zona húmeda de s’Albufera y, más allá, el mar. Esa posición —entre campos de cultivo y marjal— explica bastante bien la historia del lugar.
Del marjal al Castellot
El territorio que hoy ocupa el municipio estuvo habitado mucho antes de la llegada de romanos o catalanes. En las cercanías se conservan restos talayóticos, como el yacimiento conocido como el Castellot, que indican una ocupación muy antigua ligada al control del territorio y de los recursos agrícolas.
Tras la conquista de Jaime I en el siglo XIII, el lugar aparece documentado como «Muru». La lógica del asentamiento apenas cambió durante siglos: un núcleo agrícola rodeado de tierras fértiles, con acceso relativamente cercano a la zona húmeda de la Albufera. La economía local giró durante mucho tiempo en torno al cereal, el ganado y pequeños cultivos de regadío.
La iglesia de Sant Joan Baptista marca el centro del pueblo. Su origen se remonta a comienzos del siglo XV, aunque el edificio que vemos hoy es resultado de varias ampliaciones y reformas posteriores. En el interior se conserva un órgano histórico que todavía se utiliza en determinadas celebraciones. Alrededor de la iglesia se organiza buena parte del casco antiguo, con calles rectas abiertas en distintas etapas entre los siglos XVIII y XX.
Entre la Albufera y la playa
A pocos kilómetros del casco urbano comienza el parque natural de s’Albufera, el mayor humedal de Baleares. Durante siglos fue una zona difícil: inundaciones, mosquitos y terrenos poco estables. Con el tiempo se realizaron obras de drenaje y canales que permitieron aprovechar parte del marjal para el cultivo, especialmente arroz.
Hoy la Albufera es sobre todo un espacio protegido. Caminos de tierra, acequias y antiguas infraestructuras hidráulicas recuerdan ese pasado agrícola. Con algo de paciencia se ven garzas, cormoranes y otras aves acuáticas que utilizan el humedal como zona de cría o de paso.
Más allá del parque natural se extiende la playa de Muro, un tramo largo de arena clara que continúa hacia la bahía de Alcúdia. En verano concentra mucha actividad, pero basta alejarse un poco de los accesos principales para encontrar zonas más tranquilas. El contraste entre la línea de dunas, el humedal y la llanura agrícola explica bastante bien la geografía del municipio.
Fiestas y tradiciones locales
Las fiestas principales giran en torno a Sant Joan, patrón del pueblo, a finales de junio. Durante esos días se organizan actos populares, música en la plaza y actividades vinculadas a las tradiciones locales. Como en muchos municipios mallorquines, los gigantes y cabezudos recorren las calles y la banda municipal tiene un papel destacado.
La Semana Santa también mantiene celebraciones arraigadas. Una de las procesiones más conocidas es la del Cristo de la Sangre, que recorre el centro del pueblo en un ambiente bastante sobrio, iluminado por velas. Son rituales que se han mantenido con cambios a lo largo del tiempo, pero que siguen formando parte de la identidad local.
Cocina de interior mallorquín
La cocina que se encuentra en Muro es la propia del interior de Mallorca. Platos de cuchara, carnes y verduras de temporada. El arròs brut aparece a menudo en los menús cuando refresca: un arroz caldoso preparado con distintas carnes, especias y lo que haya disponible en la despensa.
También son habituales las cocas saladas, como la de trempó, hecha con tomate, pimiento y cebolla. Muchos de esos tomates se conservan colgados en las casas durante meses, una práctica tradicional en la isla.
Para terminar, no es raro que aparezcan las herbes mallorquines, un licor elaborado con una mezcla de plantas aromáticas maceradas en alcohol. Cada casa —y cada productor— tiene su propia fórmula.
Cómo llegar y cuándo ir
Muro está a unos 40 minutos en coche de Palma por la Ma‑13. También tiene estación de tren en la línea que conecta la capital con Sa Pobla.
El mercado del domingo ocupa buena parte de la mañana en el centro. Quien prefiera verlo con más calma suele llegar temprano. Para recorrer el casco urbano basta con un paseo de una hora aproximadamente.
La Albufera y la playa quedan a pocos kilómetros. En los meses de calor conviene ir pronto si se quiere aparcar cerca de los accesos principales. En primavera y otoño, en cambio, la zona del humedal se recorre con más tranquilidad y es cuando más movimiento de aves suele haber.