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sobre Vilafranca de Bonany
Pueblo agrícola conocido por la producción de melones de calidad y su cercanía al monte de Bonany
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Si vienes a hacer turismo en Vilafranca de Bonany, lo primero es el coche. Aparca cerca de la plaza o en las calles anchas de alrededor; suele haber sitio porque aquí no llega demasiada gente. El centro se recorre rápido. En media hora has visto el núcleo y decides si te quedas un rato más o sigues ruta por el Pla.
Un miércoles por la mañana la plaza cambia. Aparecen puestos de verdura y furgonetas descargando cajas con tierra aún pegada. La mayoría son vecinos haciendo compra. No es un mercado pensado para visitantes y se nota.
El casco no tiene demasiado misterio. Calles rectas, muchas casas levantadas en la segunda mitad del siglo XX y poca piedra antigua. La iglesia de Santa Bárbara cumple su papel y ya. Es un pueblo normal del interior, con vida diaria y poco decorado.
Un pueblo relativamente reciente
Vilafranca de Bonany no es medieval. El origen suele situarse en el siglo XVII, cuando varios campesinos se asentaron aquí buscando trabajar tierras sin depender tanto de los señoríos cercanos. De ahí el nombre de “vila franca”.
Durante mucho tiempo el municipio se llamó solo Vilafranca. El añadido “de Bonany” llegó bastante más tarde para diferenciarlo de otros lugares con el mismo nombre.
Eso explica el aspecto del centro. No hay murallas ni calles laberínticas. Es un pueblo agrícola que creció cuando tocaba crecer.
La subida al Puig de Bonany
Si hay algo que merece desviarse un poco es el Puig de Bonany. Está a pocos kilómetros del pueblo, dirección Petra. La carretera sube entre campos y pinar.
Arriba hay espacio donde dejar el coche. Desde ahí puedes acercarte andando hasta la ermita y el mirador sin esfuerzo. La altura no es enorme, pero basta para entender el Pla de Mallorca: campos abiertos, pueblos separados por kilómetros de cultivo y, en días claros, la bahía de Palma al fondo.
La ermita es sencilla. Lo interesante es la vista y el silencio cuando no hay nadie más.
Molinos dispersos por el término
En el término municipal aún quedan varios molinos de viento antiguos. Están repartidos entre caminos y carreteras secundarias, sobre todo hacia Sant Joan.
Algunos siguen en pie con la torre de piedra completa. Otros están integrados en casas particulares. No hay paneles ni ruta oficial. Los ves al pasar, aparcas un momento en el arcén y sigues.
Si te interesa la arquitectura rural mallorquina, tienen gracia. Si no, probablemente ni te fijes.
El mercado del miércoles
El miércoles por la mañana la plaza se llena de puestos. Verdura, hierbas, algo de fruta y productos de la zona. Mucho vecino mayor con carro de compra.
Lo más típico son los tomates de ramillete, los que se cuelgan en la despensa y aguantan meses. Aquí todavía se venden en rama, como se ha hecho siempre.
Conviene ir pronto. A media mañana el movimiento baja y algunos puestos empiezan a recoger.
Cuándo pasar y cuándo seguir de largo
Primavera y principio de otoño suelen ser los momentos más agradables en el Pla. Temperatura suave y campos todavía verdes.
En verano el calor aprieta de verdad. Calles vacías a media tarde y poco que hacer bajo el sol.
Vilafranca no es un pueblo de postal. No hay grandes monumentos ni miradores dentro del casco. Si pasas por la zona, entra un rato, date una vuelta por la plaza y sube luego a Bonany. Con eso ya te haces una idea bastante clara del lugar.