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sobre Alcúdia
Ciudad histórica amurallada situada entre dos bahías; combina patrimonio romano con extensas playas de arena blanca
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Hay pueblos que se entienden en cinco minutos y otros que necesitan un par de vueltas. El turismo en Alcudia es más bien de los segundos. Llegas pensando en playa y acabas caminando por murallas medievales, pasando junto a restos romanos y viendo cómo la vida moderna se cuela entre todo eso con bastante naturalidad.
La primera vez que vine me dio la sensación de estar en un sitio que ha ido creciendo por capas. Como cuando abres un cajón viejo y van apareciendo cosas de épocas distintas. Aquí pasa algo parecido: historia, urbanizaciones más nuevas, el puerto, los humedales cerca… todo bastante junto.
Las murallas siguen siendo el punto de referencia. No hace falta saber mucho de historia para entender que el pueblo giró durante siglos alrededor de ese anillo de piedra.
Entrar en la historia por la puerta grande
La primera vez que visité Alcúdia fue un martes, día de mercado. Aparcar el coche fue como intentar dejarlo cerca del centro de Madrid en plena Navidad: das unas cuantas vueltas y cruzas los dedos.
Luego entras por una de las puertas de la muralla y el ambiente cambia. Las calles son estrechas, empedradas en muchos tramos, y las casas tienen ese aire mallorquín de contraventanas y patios interiores que apenas se ven desde fuera.
Dentro del recinto amurallado aparecen bastantes casales antiguos. Casas grandes, de familias que en su momento tenían peso en la zona. Algunas conservan escudos en la fachada o portales de piedra bastante trabajados. No hace falta buscarlos mucho. Caminando sin rumbo van apareciendo.
Ruinas que no son ruina
A poca distancia del casco antiguo está Polléntia, el yacimiento romano. Mucha gente pasa por Alcúdia y ni se da cuenta de que lo tiene tan cerca.
Fue una ciudad romana importante en la isla. Hoy quedan el teatro, parte del foro y varias zonas excavadas donde se intuyen calles y viviendas. Si vas sin contexto verás sobre todo piedras y muros bajos. Con alguien que te explique un poco la historia cambia bastante la visita.
El teatro romano es lo que más llama la atención. Está excavado en la roca y aún se reconoce bien la forma. Cuando te sientas un momento en las gradas te imaginas fácil el lugar lleno de gente hace muchos siglos.
Subir a la muralla sin creerse Legolas
Una de las cosas que merece la pena hacer en Alcúdia es caminar por la muralla. Se puede recorrer un buen tramo del antiguo camino de ronda.
Desde arriba ves los tejados del casco antiguo por un lado y, a lo lejos, el mar. También el campanario de la iglesia de Sant Jaume, que sobresale bastante en el perfil del pueblo.
No es una caminata larga ni complicada. Más bien un paseo tranquilo. A ciertas horas la piedra coge un tono dorado que cambia bastante el paisaje. Es de esos momentos en los que casi todo el mundo acaba sacando el móvil aunque jure que no ha venido a hacer fotos.
Comer en Alcúdia sin demasiados rodeos
La cocina local tira de platos contundentes. Nada especialmente delicado, más bien recetas de las que llenan.
El arroz brut aparece en muchas cartas. Lleva carne, verduras y un caldo oscuro con bastante carácter. Si no lo conoces, la primera cucharada sorprende.
Otro clásico es el frit mallorquí. Vísceras, patata, pimientos, hinojo… suena fuerte y lo es, pero tiene su público fiel en la isla desde hace generaciones.
Y luego está la ensaimada, claro. Aquí es fácil encontrarla recién hecha por la mañana. Con café entra sola.
Playas y caminos alrededor de la bahía
El puerto de Alcúdia es la parte más orientada al turismo de sol y playa. Mucho hotel, paseos largos junto al mar y una playa que se estira durante kilómetros.
La arena es fina y el agua suele estar muy tranquila. Por eso es habitual ver familias con niños pequeños pasando la mañana entera allí.
Si te apetece moverte un poco, hay caminos que bordean la bahía y otros que suben hacia la zona de la Victòria. Desde allí arriba se abren vistas amplias hacia el norte de la isla. Muy distinto al ambiente del puerto.
Cerca también queda S’Albufera, el gran humedal del norte de Mallorca. Un lugar donde la gente viene con prismáticos más que con toalla.
Mercado y fiestas del calendario local
El mercado semanal llena las calles dentro de la muralla dos mañanas a la semana. Puestos de fruta, ropa, utensilios de cocina, algún producto local. Bastante movimiento desde temprano.
En verano llegan las fiestas de Sant Jaume y Sant Crist. Procesiones, música por la noche y bastante ambiente en las plazas. Es cuando el casco antiguo se llena de vecinos y visitantes mezclados.
¿Merece la pena Alcúdia? Yo diría que sí, pero sabiendo a lo que vienes. No es un pueblo tranquilo en temporada alta y el puerto tiene días de mucho movimiento.
Aun así, el casco antiguo y las murallas siguen teniendo algo que engancha. Das un paseo, te sientas un rato en una plaza, sales hacia las ruinas romanas… y cuando te das cuenta has pasado media jornada sin mirar el reloj. Ese tipo de sitio.