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sobre Marratxí
Municipio residencial cercano a Palma famoso por su tradición cerámica y sus ferias de barro; compuesto por varios núcleos
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El barro huele cuando llueve. Es un olor metálico, antiguo, que sube de las canteras que rodean el municipio y que los alfareros de Pòrtol todavía reconocen al instante. El turismo en Marratxí casi siempre empieza así, entendiendo primero la materia prima. Este no es un lugar que se imponga al viajero que pasa hacia Palma o hacia Inca: hay que apartarse de la carretera principal y entrar en un territorio hecho de varios núcleos dispersos entre huertos, carreteras y polígonos. Cuando se camina por ellos, se entiende por qué aquí —y no en otro punto de la isla— arraigó la tradición cerámica mallorquina.
El barro que hizo pueblo
La primera referencia conocida a la iglesia de Sant Marçal aparece poco después de la conquista de Jaume I, en el siglo XIII. Aun así, el lugar ya funcionaba como zona de paso entre el interior de Mallorca y la bahía de Palma. Lo que acabaría marcando la economía local fue la arcilla clara de la zona, fácil de excavar y agradecida al torno.
Los documentos del siglo XVIII ya mencionan a los ollers de Pòrtol. El barrio entonces era una pequeña línea de casas junto al torrente, con hornos de leña al aire libre y patios donde el barro se trabajaba a mano. En muchas casas el oficio era familiar: unos extraían la arcilla, otros la preparaban y otros se ocupaban de cocer las piezas.
Durante el siglo XIX la actividad creció. La llegada del ferrocarril que unía Palma con Inca facilitó la salida de cántaros, greixoneras y otras piezas hacia el resto de la isla. Hoy quedan talleres en activo —una docena larga, según suelen contar los propios artesanos— y varios siguen en manos de las mismas familias que empezaron el oficio generaciones atrás. No funcionan como tiendas de recuerdo: son talleres donde el barro se amasa, se seca y se cuece como siempre.
Cuatro núcleos que acabaron formando un municipio
Marratxí no nació como un único pueblo compacto. El municipio reúne varios núcleos que durante siglos tuvieron vida bastante independiente.
Sa Cabaneta actúa hoy como centro administrativo y concentra edificios públicos alrededor de la parroquia. Pòrtol mantiene la mayor parte de los talleres de alfarería. Es Pont d’Inca creció ligado a la carretera y a la actividad industrial del siglo XX. Y Marratxinet —mucho más pequeño— recuerda el antiguo centro histórico del término, con unas pocas casas agrupadas en torno a la plaza.
Lo que históricamente ha servido de punto común es el culto a Sant Marçal. La iglesia actual, levantada en el siglo XVII y reformada después, responde al modelo sobrio de muchas parroquias mallorquinas de la época: muros gruesos, cubierta a dos aguas y un campanario que domina el entorno inmediato. Cada verano suele celebrarse una romería vinculada al santo, una tradición local que todavía reúne a vecinos de los distintos núcleos.
El oficio que se aprende en el taller
Entrar en un taller de Pòrtol ayuda a entender que la cerámica aquí sigue siendo un trabajo cotidiano. El torno suele ser de pedal, el barro se guarda húmedo para que no se agriete y las estanterías se llenan de piezas en distintas fases: recién modeladas, secándose o esperando el horno.
Los artesanos hablan más de temperatura, de mezcla de arcillas o de cómo responde el barro según el clima del año que de “arte” en sentido abstracto. La precisión importa: unos milímetros de más en el borde o una cocción demasiado rápida pueden arruinar una tanda entera.
Entre las piezas más conocidas están los siurells, pequeñas figuras blancas con toques de color que incorporan un silbato. Durante mucho tiempo fueron juguetes populares de los niños de la huerta. Cada taller suele conservar moldes propios, heredados o comprados a otros ceramistas, de modo que las formas cambian ligeramente de uno a otro.
La Fira del Fang
Cada primavera Marratxí celebra la Fira del Fang, una cita dedicada a la cerámica. Durante esos días se organizan demostraciones de torno, exposiciones y venta directa de piezas.
El público suele ser mayoritariamente local. Muchas familias aprovechan para sustituir utensilios de cocina de barro o para comprar alguna pieza nueva para casa. La feria sirve también para ver de cerca el proceso de trabajo: el barro recién amasado, las piezas secándose al sol o los hornos encendidos.
Cómo recorrer Marratxí
Marratxí se encuentra a pocos kilómetros de Palma y se llega con facilidad por la Ma‑13. También hay estaciones del tren de la línea Palma–Inca en el entorno de Es Pont d’Inca, desde donde se puede continuar a pie o en transporte local hacia otros núcleos.
No hay un casco antiguo compacto que se recorra de una vez. El interés está en moverse entre los distintos barrios y acercarse a los talleres de Pòrtol cuando están abiertos. En poco tiempo se puede entender cómo funciona el oficio.
El Museu del Fang reúne piezas tradicionales de la cerámica mallorquina y explica la evolución del trabajo del barro en la zona. La visita es breve, pero ayuda a poner en contexto lo que todavía se ve en los talleres.
Si el tiempo acompaña —o incluso si llueve— merece la pena caminar un rato por las calles tranquilas de Pòrtol. Cuando el suelo se moja, vuelve ese olor a arcilla que recuerda que todo en Marratxí empezó con el barro.