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sobre Santa Maria del Camí
Pueblo muy popular por su mercado dominical y su producción vinícola; situado en la ruta principal hacia el norte
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El turismo en Santa Maria del Camí suele empezar en la plaza del mercado. Los domingos por la mañana el pueblo huele a mosto y a embutido curándose al aire, y llegan vecinos de las posesiones —así llaman en Mallorca a las fincas agrícolas— con cajas de fruta, verduras o algarrobas. El mercado semanal existe desde época medieval; la tradición se remonta al reinado de Jaime II, cuando muchos pueblos del interior obtuvieron permiso para celebrarlo. Más de siete siglos después, sigue siendo el momento en que Santa Maria se reúne.
Un pueblo agrícola en la llanura del Raiguer
Santa Maria del Camí ocupa una franja de tierra llana entre Palma y los primeros relieves de la Serra de Tramuntana. Esta zona del Raiguer ha sido históricamente terreno de cultivo: suelos fértiles, agua relativamente accesible y buenas comunicaciones con la capital.
Antes de la conquista cristiana de 1229 ya había explotaciones agrícolas en este lugar. Algunas fuentes mencionan un asentamiento andalusí con otro nombre —la toponimia exacta no siempre es clara—, pero lo seguro es que el paisaje de huertos, cereal y viñedo ya estaba formado. Tras la conquista, las tierras se repartieron entre nobles y órdenes militares, y poco a poco se organizó un núcleo de población estable alrededor de la parroquia y de las eras donde se trillaba el grano.
La iglesia parroquial actual se levantó entre comienzos y mediados del siglo XVIII. Es un edificio amplio y bastante sobrio dentro del barroco mallorquín: una sola nave, capillas laterales y una fachada sin grandes artificios. El interior guarda retablos y piezas de imaginería ligados a talleres locales. Desde el campanario, cuando está abierto, se entiende bien la geografía del municipio: una llanura agrícola salpicada de viñedos.
El vino en la vida cotidiana del pueblo
Santa Maria forma parte de la Denominación de Origen Binissalem, creada a finales del siglo XX para proteger la tradición vitivinícola de esta parte de Mallorca. Pero la relación con la vid es bastante anterior. En documentos agrarios de los siglos XVII y XVIII ya aparecen extensiones considerables dedicadas al viñedo.
La variedad más asociada al territorio es la manto negro, una uva tinta autóctona con la que se elaboran vinos ligeros y aromáticos. En el término municipal hay varias bodegas, algunas instaladas en antiguas casas de labor. Varias suelen abrir para visitas o catas, normalmente con reserva previa.
A mediados de septiembre el calendario del pueblo gira alrededor de la vendimia. Durante esos días se organizan actos populares relacionados con el vino y con el final de la cosecha. Semanas después suele celebrarse una feria dedicada a los vinos de la denominación, donde productores y vecinos prueban las nuevas añadas.
El antiguo convento
El Convento de los Mínimos se fundó a finales del siglo XVI y durante mucho tiempo fue uno de los focos culturales de esta parte del Raiguer. Los religiosos mantenían una pequeña escuela donde se enseñaba gramática y latín, algo poco habitual en el medio rural de la época.
El edificio conserva el claustro y parte de la estructura original. Hoy funciona como espacio cultural y de exposiciones. El antiguo huerto sigue ahí, con árboles frutales y plantas que recuerdan el uso agrícola que siempre tuvo este lugar.
El mercado del domingo
El mercado dominical es la escena más reconocible del pueblo. Se instala alrededor de la plaza y de varias calles cercanas, y suele arrancar temprano. A media mañana ya está en pleno funcionamiento.
Predominan los productos agrícolas de la zona: cítricos, hortalizas de temporada, frutos secos, panadería tradicional o embutidos elaborados en casas de matanza. También aparecen puestos de herramientas, ropa o artesanía, como en cualquier mercado rural de Mallorca. Muchos vecinos hacen aquí la compra semanal, de modo que el ambiente tiene más de rutina local que de espectáculo.
Cómo llegar y recorrerlo
Santa Maria del Camí está a unos veinte minutos de Palma por la autopista Ma‑13. También se puede llegar en el tren de cercanías que conecta la capital con Inca; la estación queda a pocos minutos andando del centro.
El casco urbano se recorre con calma en una hora. Quien tenga interés por el paisaje agrícola puede salir por los caminos rurales que rodean el pueblo: entre viñedos, almendros y antiguas posesiones se entiende mejor por qué esta parte del Raiguer ha vivido durante siglos del campo. En invierno y principios de primavera los almendros florecen; a finales de verano, la vendimia vuelve a poner el viñedo en primer plano.