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sobre Sencelles
Corazón rural de Mallorca con gran patrimonio arqueológico; lugar de peregrinación a la tumba de Sor Francinaina
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Sencelles es como ese pueblo que tienes que mirar en el mapa cuando te lo mencionan, y luego descubres que llevas años cruzándote con sus vinos en cualquier bar de Palma sin saber que vienen de aquí. Cuando se habla de turismo en Sencelles, la cosa va por otro lado: no hay mar, no hay playas, ni un casco histórico que te deje con la boca abierta a la primera. Lo que hay es otra Mallorca. La que sigue funcionando cuando se apagan los focos del turismo.
El día que me perdí entre nueve pueblos
Llegué pensando que Sencelles era un pueblo y me encontré con nueve. Nueve núcleos repartidos por el campo, como si alguien hubiera ido dejando casas aquí y allá y con el tiempo se hubiera formado un municipio.
Sales cinco minutos del centro y estás en Biniali, que parece otro pueblo distinto pero administrativamente es lo mismo. Luego aparece Ruberts, pequeño y tranquilo, con ese aire de lugar donde todo el mundo se conoce. Y así con otros núcleos que van saliendo entre viñas, campos y carreteras secundarias.
La primera hora la pasé un poco descolocado, porque no queda claro dónde empieza una cosa y termina la otra. Sencelles no funciona como el típico pueblo con plaza, iglesia y cuatro calles alrededor. Más bien es como una pequeña constelación de pueblos que comparten ayuntamiento.
Cuando los molinos eran lo que ahora es Instagram
Hay algo que llama la atención enseguida en el paisaje de Sencelles: los molinos. Creo que rondan los ocho repartidos por el término, algunos restaurados y otros con ese aspecto de haber visto pasar muchas décadas.
El de Can Picapebre suele ser de los que más miradas se lleva cuando vas por la carretera. Aunque ya no muelen grano, siguen ahí plantados como postes gigantes vigilando el llano. Cuando te acercas entiendes por qué duran tanto: son estructuras muy simples y muy robustas, hechas para aguantar viento, calor y años.
Son parte del paisaje del Pla de Mallorca, igual que las viñas o las paredes de piedra seca. Si conduces un rato por los alrededores acabas encontrándote varios casi sin buscarlos.
La ruta arqueológica que aparece cuando menos te lo esperas
La ruta arqueológica me salió al paso casi por accidente. Preguntando por el pueblo alguien comentó algo de unos talayots y tiré hacia allí sin demasiada planificación.
Es un recorrido corto, de unos pocos kilómetros, donde se mezclan restos de épocas muy distintas. Hay estructuras prehistóricas, trazas de ocupación romana y también elementos que vienen de época islámica. No es un sitio monumental en el sentido clásico, pero sirve para entender que esta zona lleva habitada muchísimo tiempo.
El Pou de Biniali suele aparecer en esa ruta. Es un pozo de origen árabe bastante profundo y con ese aspecto de infraestructura que ha seguido usándose durante generaciones. No es un lugar preparado como atracción turística; más bien te lo encuentras y te das cuenta de que forma parte del día a día del pueblo desde hace siglos.
El vino que sale de estas tierras
En cuanto empiezas a hablar con la gente del pueblo sale el tema del vino. Esta zona del Pla de Mallorca ha tenido viña desde hace mucho, aunque durante décadas muchas parcelas quedaron medio abandonadas.
En Biniali y en los alrededores todavía se conservaban viñas viejas que algunas bodegas han ido recuperando con el tiempo. No son proyectos gigantes ni producciones industriales. Más bien explotaciones pequeñas que trabajan con variedades locales y con ritmos bastante tranquilos.
Lo curioso es que muchos de esos vinos los has probado seguramente en Palma o en otros puntos de la isla sin asociarlos con Sencelles. Aquí, en cambio, ves el origen: tierra roja, parcelas pequeñas y cepas que parecen llevar toda la vida en el mismo sitio.
El mercado donde compra la gente del pueblo
Algunos días por la mañana —tradicionalmente a mitad de semana y también el fin de semana— la plaza suele llenarse de puestos y de coches buscando dónde aparcar.
No es un mercado montado para turistas. Se nota enseguida porque la mayoría de la gente viene con bolsas reutilizadas, habla con los vendedores por su nombre y se queda un rato charlando entre compra y compra.
Allí terminé comprando unas figues seques que parecían pasas gigantes. Le pregunté al hombre si eran ecológicas y me miró como si le hubiera soltado un chiste raro. Algo así como: “son de la huerta de mi madre”. Traducción rápida: llevan décadas creciendo sin etiquetas ni certificados.
Mi consejo de amigo
Si te pica la curiosidad por el turismo en Sencelles, ven cuando te apetezca bajar un par de marchas respecto a la Mallorca más movida.
Muévete en coche, porque el transporte público por esta zona es limitado y los núcleos están bastante repartidos. Da una vuelta por el centro, acércate a alguno de los molinos y luego sal a curiosear por Biniali o Ruberts sin demasiada prisa.
Y cuando tengas hambre, haz lo que hacemos todos cuando llegamos a un sitio nuevo: mira qué están comiendo en la mesa de al lado y pide lo mismo. Con eso, normalmente, no fallas.