Artículo completo
sobre Bunyola
Pueblo de montaña rodeado de bosques y montañas; puerta de entrada a la Sierra de Alfabia y punto de partida excursionista
Ocultar artículo Leer artículo completo
El tren de Sóller frena en una estación pequeña, de esas que no aparecen en las guías rápidas. Son las ocho de la mañana, la niebla de invierno se cuela por la sierra y un hombre baja con su bicicleta de carretera. No viene de turista: sube desde Palma muchos fines de semana para entrenar en las carreteras que parten de aquí. En el bar de la estación le sirven un café amb llet; fuera, el pueblo aún duerme entre olivares y las fachadas de piedra vista propias de la zona. Bunyola no empieza en la plaza, sino aquí: en esta parada del viejo tren donde la montaña se anuncia antes que cualquier cosa.
La montaña que explica el pueblo
Bunyola ocupa uno de los pasos naturales entre Palma y el interior de la Serra de Tramuntana. Esa posición explica casi todo: los caminos antiguos, las grandes fincas agrícolas y la sensación de valle cerrado que se tiene al acercarse desde la capital.
Tras la conquista cristiana de Mallorca en 1229, el territorio se reorganizó sobre antiguas alquerías islámicas. Una de ellas fue Bunyula, que dio nombre al lugar. La huella de aquel sistema agrícola se percibe en acequias, bancales y pequeñas canalizaciones de agua que sobreviven en algunas posesiones históricas del término.
Entre esas fincas están dos conjuntos conocidos. Raixa, a los pies de la sierra, combina restos de época islámica con reformas posteriores que le dieron aspecto de residencia señorial. El jardín escalonado y la gran escalinata pertenecen ya a una fase mucho más tardía, cuando estas propiedades también funcionaban como espacios de representación.
Algo similar ocurre en Alfàbia, en la carretera que sube hacia el coll de Sóller. Allí el sistema hidráulico del jardín recuerda el origen andalusí del lugar, mientras que las galerías y los elementos decorativos responden a reformas de época moderna. Entre Raixa y Alfàbia se lee la historia del valle: agricultura, agua bien administrada y grandes propiedades rurales que organizaron el territorio durante siglos.
Sa Comuna y el paisaje antiguo
Por encima del pueblo se extiende Sa Comuna de Bunyola, una zona forestal de uso comunal. Predominan el encinar y el pinar, con claros donde aparecen restos de antiguos oficios del monte.
Los hornos de cal —estructuras circulares donde se cocía la piedra para obtener cal— siguen visibles entre la vegetación. También quedan aljibes, carboneras y pequeños refugios de piedra seca que utilizaban quienes trabajaban en el bosque durante semanas.
Una ruta transitada sube hacia el Penyal d’Honor, una de las cimas cercanas al pueblo. El camino atraviesa encinares densos y tramos de roca caliza hasta abrirse a miradores naturales desde donde se ve el Pla de Mallorca y, en días claros, la bahía de Palma. Es un paisaje muy distinto al de la costa: aquí domina el bosque y el silencio del interior.
Otros senderos bajan hacia antiguas explotaciones agrícolas del valle. En algunos muros todavía se ven pequeños secaderos de caracoles y silos excavados en la roca para almacenar grano, señales discretas de una economía rural que aprovechaba al máximo el terreno.
Las fiestas del calendario local
El patrón de Bunyola es Sant Mateu y las fiestas se celebran a finales de septiembre. Durante esos días el centro del pueblo cambia de ritmo: música tradicional, comidas colectivas y actos organizados por las peñas y asociaciones del municipio.
Algunas celebraciones mantienen costumbres que tienen más que ver con la vida del pueblo que con un programa pensado para visitantes. Es habitual que las cuadrillas de vecinos preparen comida en grandes ollas o que las bandas de xeremiers recorran las calles.
En invierno también se organizan encuentros ligados a tradiciones rurales, a veces relacionados con la matanza del cerdo o con comidas colectivas en antiguas posesiones. No siempre tienen formato fijo y suelen depender de las asociaciones locales que las mantienen vivas.
Caminar Bunyola
El pueblo se recorre sin prisa en poco tiempo. Las calles alrededor de la iglesia parroquial concentran las casas más antiguas, muchas con portales amplios pensados para carros y almacenes agrícolas.
Desde el mismo casco urbano salen varios caminos hacia la sierra. Uno enlaza con la red de senderos de la Tramuntana y permite subir a Sa Comuna sin necesidad de coger el coche.
Si llegas desde Palma, el tren histórico que conecta la capital con Sóller tiene parada aquí. También se puede acceder por carretera en pocos minutos. Una vez en Bunyola, lo más interesante no está tanto en el centro como en lo que lo rodea: caminos antiguos, olivares y las primeras pendientes serias de la sierra.