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sobre La Matanza de Acentejo
Lugar histórico de batallas de la conquista; zona de guachinches y vinos con vistas panorámicas a la costa norte
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El aparcamiento en La Matanza de Acentejo suele ser fácil. En el norte de Tenerife eso ya cuenta. Puedes dejar el coche cerca de la plaza del Ayuntamiento y moverte andando. Desde casi cualquier esquina ves dos referencias claras: arriba el Teide, abajo el Atlántico. Entre medias, un pueblo en ladera que arrastra un nombre bastante literal. Aquí los guanches frenaron a las tropas castellanas en 1494.
El mirador donde se entiende la batalla
Sube por la calle La Parra. En unos minutos llegas al mirador de San Antonio. Desde ahí se ve el barranco y la costa varios cientos de metros más abajo. Cuando miras el terreno se entiende por qué los castellanos lo pasaron mal en la llamada batalla de Acentejo.
Hay una placa que recuerda el episodio. La historia, resumida: los guanches conocían bien estas pendientes y los invasores no. El resultado fue una retirada desordenada barranco abajo.
Justo enfrente está la iglesia del Salvador. El edificio actual se levantó después de un incendio en los años treinta del siglo pasado. La portada de piedra es lo que más llama la atención desde fuera. Dentro suele haber un cuadro antiguo que representa la batalla con los guanches ganando. No es una escena habitual en este tipo de pintura.
Comer sin demasiada ceremonia
Baja por la calle El Molino o por cualquiera de las calles que caen hacia la carretera general. Hay bares de pueblo, sin decoración pensada para turistas.
La carne de cabra compuesta aparece a menudo en las cartas. Es un guiso con papas, garbanzos y vino. Ración grande, de las que te obligan a parar un rato.
También es fácil encontrar puchero canario con berros del barranco, maíz y gofio. Plato serio, aunque aquí suele salir algo más ligero que en otros sitios de la isla. Si hay bienmesabe casero, suele merecer la pena pedirlo.
Caminar entre viñedos del Acentejo
La Matanza forma parte de la zona vitivinícola de Acentejo. Se nota en las laderas llenas de viña.
El sendero de Los Nateros arranca cerca de la zona del colegio. Es un recorrido circular corto, de unos pocos kilómetros, que pasa entre parcelas de viñedo y casas dispersas. No hay mucha sombra. Mejor hacerlo temprano o cuando el sol afloja.
Otra opción es bajar por los caminos del barranco de Acentejo, por donde la tradición sitúa parte de la batalla. El primer tramo tiene pendiente. Luego el terreno se abre un poco. En las paredes se ven cuevas antiguas. Muchas no están señalizadas ni protegidas. Simplemente siguen ahí.
Fiestas que siguen siendo del pueblo
En enero se celebra San Antonio Abad. Durante la fiesta se bendicen animales: cabras, perros, algún burro. También suele haber demostraciones de oficios tradicionales y molinos de gofio funcionando.
Las fiestas del Salvador llegan en verano. Procesión por la mañana y verbena por la noche. Es una celebración muy local, con la gente del pueblo ocupando la plaza.
Cómo llegar y cuándo ir
Desde Santa Cruz se llega por la TF‑5 y luego por la carretera que sube hacia El Sauzal y La Matanza. Si no hay tráfico fuerte, el trayecto ronda la media hora.
También hay guaguas que paran en el municipio y lo conectan con otras zonas del norte de la isla, aunque los horarios suelen ser limitados.
Entre semana se está más tranquilo. Los fines de semana llega gente de otros puntos de Tenerife a comer o a pasear por los senderos.
Calzado cerrado si vas a meterte en el barranco. Y agua si vas a caminar entre viñedos.
La Matanza de Acentejo no es un sitio monumental. Es un pueblo agrícola en una ladera con buenas vistas, vino de la zona y una batalla que marcó la historia de la isla. Vienes, caminas un rato, comes algo contundente y entiendes por qué este barranco fue un problema serio para quien no conocía el terreno.