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sobre San Bartolomé
Corazón agrícola de Lanzarote; destaca por el cultivo de batata y el Monumento al Campesino; nexo entre norte y sur
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En el centro de Lanzarote el paisaje se abre y el viento manda. En San Bartolomé el aire no es un detalle del clima. Forma parte de la vida diaria. También explica buena parte del territorio que se ve hoy.
El municipio ocupa una zona interior de la isla. No tiene costa. Tampoco montañas altas que frenen los alisios. Esa exposición ha condicionado la agricultura, las casas y hasta la forma de moverse por el campo.
En una rotonda a las afueras aparece el Monumento al Campesino. La escultura de César Manrique se levanta junto a un antiguo molino. Representa a un agricultor con el azadón en la mano. Es una imagen directa del trabajo que permitió habitar esta isla volcánica.
La geografía que obligó a cambiar la forma de cultivar
San Bartolomé se extiende por una llanura volcánica. Los campos de lava se mezclan con pequeños espacios de cultivo. La tierra parece dura. Sin embargo, bajo la ceniza volcánica se conserva la humedad de la noche.
Tras las erupciones del siglo XVIII los agricultores tuvieron que adaptarse. Apareció el sistema de hoyos. Cada planta se coloca en un pequeño cráter excavado en la ceniza. Alrededor se levantan muros de piedra negra. Protegen del viento y conservan la humedad.
Desde lejos el paisaje parece un mosaico oscuro. Los círculos de piedra se repiten durante kilómetros. En esa tierra crece la malvasía volcánica. Es la uva más asociada a Lanzarote. Los vinos suelen tener una acidez marcada. A veces los vecinos hablan de un punto salino. Probablemente tenga relación con el viento del Atlántico.
Un centro interior con peso en la historia de la isla
San Bartolomé ocupa una posición central en Lanzarote. Los caminos entre el norte y el sur pasan cerca. Por esa razón el lugar tuvo cierta importancia administrativa en distintos momentos de la historia insular.
La iglesia parroquial de San Bartolomé marca el centro del pueblo. El edificio actual se levantó después de las erupciones volcánicas del siglo XVIII. Mantiene la sobriedad típica de la arquitectura religiosa de la isla. Muros blancos, volumen simple y cubierta de madera en el interior.
Las vigas suelen ser de tea, madera de pino canario muy resistente. En las iglesias de Lanzarote esta solución aparece con frecuencia. La escasez de materiales obligaba a construir con lo que llegaba por mar o desde otras islas.
Alrededor de la iglesia se organiza el casco histórico. Calles rectas, casas bajas y patios interiores. Las fachadas encaladas responden al clima. Protegen del sol y reflejan la luz intensa del paisaje volcánico.
Papas antiguas en suelo de ceniza
La agricultura sigue presente en muchas casas del municipio. Las papas tienen un papel importante. En estas tierras se conservan variedades antiguas que casi no se ven fuera de Canarias.
Se cultivan en terrenos cubiertos de ceniza volcánica. Ese material retiene la humedad nocturna. Gracias a ello el riego puede ser mínimo en algunos cultivos.
Las papas arrugadas forman parte de la cocina doméstica. La cocción se hace con bastante sal. A veces se menciona el uso de agua de mar. Es una costumbre ligada a zonas salineras de la isla y a la disponibilidad de ese recurso.
Cómo entender el territorio de San Bartolomé
El municipio no tiene un único núcleo. Además del pueblo principal hay localidades como Tao, Tiagua o La Vegueta. Cada una mantiene su iglesia y su pequeña plaza.
La carretera que cruza el centro de la isla conecta estos pueblos. Conducir por esta zona permite entender bien el paisaje agrícola de Lanzarote. Aparecen viñedos, campos de tuneras y antiguas construcciones rurales.
También quedan caminos tradicionales entre los pueblos. Algunos siguen los trazados anteriores a las carreteras modernas. Caminar por ellos permite ver de cerca los muros de piedra volcánica y los hoyos de cultivo.
San Bartolomé no tiene playas. La costa queda a varios kilómetros. A cambio conserva una relación muy clara con el paisaje agrícola de Lanzarote. Aquí se entiende cómo la isla aprendió a cultivar sobre ceniza y viento. Esa historia sigue escrita en el terreno.