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sobre Guía de Isora
Combina un casco tradicional en medianías con turismo de lujo en la costa; ofrece atardeceres espectaculares sobre La Gomera
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A media tarde, cuando el sol empieza a caer hacia la dorsal que separa el sur de Tenerife del interior de la isla, las paredes claras del casco antiguo se vuelven de un amarillo casi líquido. En la plaza de la Luz la sombra de la iglesia se alarga sobre los bancos de piedra y se oye a los mayores comentar la jugada del día mientras alguien pasa con una bolsa de pan caliente. Ese momento resume bastante bien el turismo en Guía de Isora: un lugar donde el pueblo sigue funcionando a su ritmo aunque haya gente mirando alrededor.
Entre la niebla y el plátano
A unos 580 metros sobre el Atlántico, el casco de Guía de Isora respira distinto que los núcleos de la costa. Aquí el aire suele traer olor a pino canario y a tierra húmeda cuando entra la nube baja; en Playa San Juan, a unos veinte minutos en coche, lo que domina es la sal y el dulzor de las plataneras.
Esa diferencia marca la vida diaria. Mucha gente trabaja abajo —en el puerto, en hoteles o en fincas— y por la tarde vuelve a casas con patios de piedra volcánica y tejados de teja. En invierno, cuando llueve algo más en medianías, aparecen setas en los bordes de los caminos y todavía hay quien sube a buscarlas temprano.
El casco guarda huellas de cuando la cochinilla movía dinero en esta parte de la isla durante el siglo XIX. Algunas casas grandes con balcones de madera tallada vienen de esa época. Hoy muchas están restauradas y pintadas en tonos suaves, pero si te fijas en las vigas y en los marcos de las ventanas se aprecia el grosor de la madera, traída en barco desde otras islas cuando el pueblo crecía alrededor de pozos y tierras de cultivo.
La Virgen que apareció en una cueva
Dentro de la iglesia de Nuestra Señora de la Luz la luz baja y el olor a cera se queda pegado al aire. La imagen de la patrona es pequeña, menos de un metro. Según la tradición del lugar, apareció en una cueva a mediados del siglo XVI, encontrada por pastores que vieron una claridad extraña saliendo de la roca. De ahí el nombre.
Cada enero la sacan en procesión y el pueblo se llena de gente de los distintos barrios del municipio. El cielo en esas fechas suele estar limpio y el aire, aunque sea invierno, todavía guarda algo de calor al sol.
En Chirche, un poco más arriba en la montaña, las celebraciones de San Isidro tienen otro tono. El camino que llega hasta allí atraviesa terreno volcánico y muros de piedra seca. Durante la romería se ven cestas de mimbre con queso de cabra, garrafas de vino de la zona y grupos tocando chácaras y tambores. Es un paisaje áspero, con cardones y laderas oscuras, y la música se oye bastante antes de llegar.
Sabores de medianía
En las casas y en algunas cocinas de carretera que suben hacia Chirche o Aripe todavía se prepara conejo en salmoreja como se ha hecho siempre: adobo con ajo, pimentón, vino y bastante comino. Suele reposar un par de días antes de guisarse, y llega a la mesa en cazuela de barro con papas arrugadas.
El queso de cabra aparece por todas partes. En barrios como Acojeja o Chío es habitual verlo ahumado o curado, a veces envuelto en hojas de platanera mientras madura. Se come con gofio amasado —agua, sal y gofio mezclados a mano— que aquí sigue siendo parte de la dieta diaria.
De postre aparece a menudo el bienmesabe: almendra molida, miel y algo de ron. Es denso, casi pegajoso, y se sirve en pequeñas cantidades porque llena rápido.
Caminos que suben hacia el monte
Detrás del cementerio sale uno de los tramos del antiguo Camino de Chasna, hoy señalizado como sendero PR-TF 83. Durante siglos fue la vía para cruzar la isla hacia el sur antes de que hubiera carreteras. El sendero sube entre eucaliptos y zonas de monte bajo. Si el día está húmedo, el suelo huele a hoja mojada y resina.
Más arriba, cuando el camino gana altura, el paisaje se abre y aparece el mar al fondo, muy abajo, como una franja azul oscuro. En días despejados se distingue bien la costa desde Alcalá hasta más allá de Playa San Juan.
Hay otro recorrido más corto que sigue la llamada ruta de la Virgen hasta la cueva donde, según la tradición, apareció la imagen. El camino pasa entre pitas viejas y muros de piedra. La ermita es sencilla, casi integrada en la roca, y suele haber velas y pequeñas ofrendas dejadas por vecinos.
El ritmo del invierno en Guía de Isora
El invierno suele ser buen momento para pasear por el casco. Entre semana las calles están tranquilas y el sol de mediodía calienta lo suficiente como para sentarse un rato en la plaza. En agosto el ambiente cambia bastante: llegan más coches y el movimiento se concentra en terrazas y calles cercanas a la plaza.
Un plan sencillo funciona bien: subir por la mañana al casco, caminar sin prisa por las calles alrededor de la iglesia y luego bajar hacia la costa a la hora de comer. En Playa San Juan, la arena volcánica se calienta incluso en meses frescos y el agua suele estar clara y oscura a la vez, ese azul profundo típico del sur de Tenerife.
Entonces se entiende mejor cómo funciona este municipio: una parte mira hacia la montaña, hacia los pinares y la nube baja; la otra vive pendiente del mar y de las fincas de plátanos. Entre las dos se mueve la vida diaria de Guía de Isora.