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sobre Güímar
Cabecera de su comarca conocida por las misteriosas pirámides y el malpaís volcánico costero; rica en agricultura y tradiciones
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Aparca en el centro y empieza a andar. Güímar no es un pueblo compacto: es un municipio largo que baja desde la cumbre hasta el mar. Si te quedas en la plaza verás poco. Lo que tiene sentido está repartido por el valle: fincas de plátanos, barrancos y el malpaís de la costa.
Las pirámides que no son pirámides
Son seis estructuras de piedra volcánica en forma de escalón. Nada más. Los majanos de Chacona llevan ahí mucho tiempo, pero no llamaron demasiado la atención hasta finales del siglo XX, cuando un investigador noruego las puso en el mapa. Hoy se visitan dentro de un recinto con museo y entrada de pago.
¿Merecen la parada? Depende de lo que busques. El centro de interpretación está bien explicado y habla de navegación antigua y cultura guanche. Si vienes esperando algo parecido a las pirámides de México o Egipto, aquí no lo vas a encontrar. Lo más curioso es que una de las plataformas parece alinearse con la puesta de sol en el solsticio de verano. El resto son muros de piedra apilada en un terreno agrícola.
El valle que sigue a lo suyo
Baja por la TF‑28. Desde que abrieron la autopista, esta carretera quedó como estaba hace décadas. Pasa entre plataneras y casas bajas. Los racimos siguen protegidos con bolsas azules que se ven desde lejos.
El viento del noreste pega fuerte en esta parte de la isla. Por eso los muros de piedra, las fincas cerradas y las viñas agarradas al suelo. En el barranco de Badajoz hay varios senderos que suben hacia la medianía. La subida es larga y constante. Si el día está claro, desde arriba se ve buena parte de la costa oriental de Tenerife.
El centro de Güímar
El casco se recorre rápido. Veinte minutos, quizá algo más si entras a mirar edificios.
La iglesia de San Pedro Apóstol es del siglo XVIII. Dentro conserva un artesonado de madera bastante grande, de los que ya casi no se construyen. Detrás queda el antiguo convento de Santo Domingo, que ha pasado por incendios y reformas.
Por lo demás, arquitectura canaria bastante reconocible: casas con patio, balcones de madera y fachadas de piedra oscura. La ermita de San Juan, sobre el borde del barranco, rompe un poco esa rutina. La tradición local dice que por esa zona estuvo el último mencey del valle antes de la conquista castellana.
Comer sin inventos
Aquí la cocina sigue siendo la de siempre. Conejo en salmorejo, papas arrugadas con mojo y potajes contundentes. El gofio escaldado aparece mucho en las cartas: harina tostada mezclada con caldo hasta formar una masa densa que llena rápido.
Para beber, vinos de malvasía del valle o cerveza local. Y de postre suele salir bienmesabe, una crema espesa de almendra y miel que se pega al paladar.
Cuándo venir
Entre semana y por la mañana se camina tranquilo. Los fines de semana el centro se anima bastante.
Durante las fiestas grandes del municipio hay procesiones, música y calles cortadas. Si coincides con esos días, encontrarás ambiente pero también más tráfico y menos sitio para aparcar. El resto del año el ritmo es bastante normal.
Consejo final: aparca arriba, recorre el casco en un rato y luego baja hacia la costa. Camina un poco por el malpaís. Cuando sales del pueblo y solo queda lava negra y mar, Güímar se entiende mejor.