Artículo completo
sobre Buenavista del Norte
Extremo noroccidental de Tenerife que conserva un aire tradicional; puerta de entrada al Parque Rural de Teno y sus paisajes abruptos
Ocultar artículo Leer artículo completo
A media tarde, cuando el sol empieza a caer detrás del macizo de Teno, la sombra del Roque del Fraile se estira sobre el valle de El Palmar. Es una de esas imágenes que se repiten casi cada día en Buenavista del Norte: la luz bajando despacio por las laderas, las plataneras quedándose a medias entre verde brillante y sombra fresca. Aquí el tiempo suele medirse así, por la posición de la montaña y por la luz que queda en el valle.
La hora que marca la montaña
Buenavista del Norte es uno de los últimos pueblos antes de que Tenerife se cierre en acantilados. El casco está pegado a la falda del macizo de Teno, con calles que suben y bajan sin demasiada lógica, como si hubieran ido creciendo alrededor de las casas y no al revés.
Las fachadas blancas, muchas con marcos de piedra oscura, tienen ese tono ligeramente gastado que deja el aire del mar. Cuando sopla viento del noroeste, la sal llega hasta aquí.
En la plaza de Los Remedios está la iglesia del mismo nombre. Fue reconstruida después de un incendio en los años noventa, algo que todavía se comenta entre la gente mayor del pueblo. Si se mira con calma se notan partes distintas: piedra más clara en algunas zonas, madera más reciente en otras. Dentro suele haber silencio y olor a cera.
A última hora de la tarde la plaza cambia. Se oye a los niños corriendo alrededor de la fuente, conversaciones que salen de los bancos de piedra y el sonido seco de las sillas cuando alguien las arrastra para sentarse un rato al fresco.
El camino que se rompe en los acantilados
La carretera hacia Punta de Teno atraviesa plataneras durante varios kilómetros. Los muros de piedra volcánica y las hojas enormes de los plátanos forman un corredor verde que de repente se abre. Y entonces aparece el mar.
Desde arriba el Atlántico se ve oscuro, casi negro algunos días, sobre todo cuando las nubes bajas pasan rápidas hacia La Gomera. Las corrientes en esta parte de la costa son conocidas por ser fuertes, y no es raro ver carteles avisando de que el baño no siempre es buena idea.
Al final de la carretera está el faro de Punta de Teno, bajo y blanco frente al azul. El viento suele soplar con fuerza y mueve las cuerdas y las chapas de las pequeñas construcciones de pescadores que hay cerca. A veces todavía se ven jareas colgadas a secar, tiras de pescado abiertas que se curan con el aire salado.
Desde aquí, si el día está limpio, los acantilados de Los Gigantes aparecen al otro lado del agua como una pared enorme.
Conviene mirar antes las condiciones de acceso a la carretera: en ciertas épocas o momentos del día puede haber restricciones de tráfico para evitar que se llene de coches.
El valle que no quiso quedarse vacío
Masca aparece de repente entre montañas muy cerradas. El caserío está agarrado a la ladera, con casas de piedra y madera que parecen seguir la inclinación del barranco.
Viven pocas personas durante todo el año, y el ritmo es lento incluso cuando llegan excursionistas. Por la mañana temprano o al final del día el lugar cambia bastante: el viento baja por el barranco y apenas se oyen más sonidos que algún gallo o pasos sobre la piedra.
En algunas puertas todavía se ven sillas sacadas a la calle. No es raro encontrarse a alguien charlando desde la sombra mientras el sol golpea fuerte en las paredes del barranco.
El sendero que baja hacia la costa atraviesa un desfiladero estrecho. Conviene informarse antes de hacerlo, porque el acceso y las condiciones del camino han cambiado varias veces en los últimos años.
La carretera hasta aquí tiene curvas muy cerradas. Un coche pequeño y paciencia ayudan bastante.
Cuando el tiempo se mide en cosechas
En las zonas altas de Teno, como Teno Alto o Los Bailaderos, el paisaje cambia: menos plataneras y más piedra, más cabras y viento.
En invierno, cerca de febrero, suele celebrarse el Baile de la Piñata, una de las tradiciones más conocidas de esta parte del noroeste de Tenerife. La gente se reúne en la plaza de la ermita, muchos vestidos de blanco, con mantillas o sombreros. Hay música, comida y un ambiente que mezcla fiesta y reunión vecinal.
Por aquí el queso de cabra es parte del día a día. En algunos caseríos todavía se elabora de manera bastante tradicional, con leche de los rebaños que pastan entre los riscos. El olor a leche caliente y a humo de cocina suele salir por las puertas cuando se está trabajando el queso.
Si sube en días despejados, desde los bordes del altiplano se ve el océano muy abajo, como una franja gris azulada detrás de los barrancos.
Lo que conviene saber antes de venir
Buenavista del Norte no tiene el ambiente de otros lugares más turísticos de la isla. El casco es tranquilo y el comercio es el de un pueblo donde vive gente todo el año: tiendas pequeñas, ferreterías, supermercados de barrio.
En agosto y algunos fines de semana el tráfico aumenta bastante por la gente que se dirige a Punta de Teno o a Masca. Entre semana el ritmo suele ser mucho más calmado y resulta más fácil aparcar cerca del centro.
Las playas del municipio no son de arena fina pensada para tumbarse todo el día. Son zonas de callaos o roca volcánica, con mar que a menudo entra con fuerza. Mucha gente del pueblo se acerca más a pescar o a caminar que a bañarse.
El mejor momento para pasear por el casco suele ser temprano. El suelo todavía guarda la humedad de la noche, las plataneras gotean y el aire tiene ese olor vegetal que llega desde los cultivos del valle. Poco a poco se van abriendo las panaderías y empiezan a cruzarse los primeros coches camino del campo.