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sobre Puntagorda
Municipio rural famoso por sus almendros en flor; ofrece atardeceres espectaculares y un mercadillo agrícola muy popular
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Aparca en El Fayal. Es lo primero. El resto del pueblo está en cuesta y, si llegas a media mañana, darás vueltas por una carretera que no se ensancha. Allí arriba suele haber sitio y un panel con los datos básicos del municipio. Poca gente y bastante campo alrededor. Lo justo para que te reconozcan rápido si entras en una tienda.
600 metros de altitud y el mar al fondo
Puntagorda se reparte entre dos barrancos: Garome e Izcagua. Da igual por dónde llegues, vas a bajar. Luego tocará subir. Es la norma aquí. Las casas y las calles se agarran a la ladera como pueden. En invierno la niebla se mete entre los tejados y en verano el viento aparece cuando menos lo esperas. Ninguna de las dos cosas suele durar demasiado.
La iglesia de San Mauro Abad está en la parte alta. Hubo un templo anterior desde el siglo XVI, pero con el tiempo se quedó pequeño y acabaron levantando el actual a mediados del siglo XX. Dentro no hay grandes adornos. Lo que funciona está fuera: la plaza, la sombra del drago y algún vecino sentado que recuerda cuando casi todo esto eran fincas.
Almendros y queso, lo que sobra
A finales de enero o principios de febrero el pueblo se llena bastante más de lo habitual. Es la fiesta del Almendro en Flor. Suben muchos palmeros de otros municipios y también gente de fuera que se entera por internet. Hay puestos, música y almendras vendidas en papel de estraza.
La crema que preparan aquí, la Almencrema, es básicamente almendra palmera tostada y molida. Nada más. La meten en un tarro y listo. Está buena, aunque tampoco hace falta exagerar.
El queso es otro asunto. Cabra, como en buena parte de la isla, y curado en secaderos con teja. No hay un único sitio donde comprarlo. Pregunta por cualquier casa que haga queso y lo normal es que te digan que vuelvas por la tarde. Mejor llevar efectivo. Aquí las tarjetas todavía no mandan.
Un pino con virgen y un mercado que compensa
Baja hasta El Pino de la Virgen. Es un pino canario con una pequeña imagen colocada en el tronco, ligada a una historia que los vecinos cuentan desde hace décadas. Aparca cerca y camina unos minutos. La parada es corta: foto, vuelta al coche y ya.
Si coincide con fin de semana, regresa a El Fayal. Allí montan el mercadillo del agricultor. Producto del campo sin demasiada intermediación: plátanos, miel, huevos, verduras de temporada. Cada puesto suele ser del propio productor. Lleva bolsa por si acaso.
Senderos y una tirolina que no molesta
Desde El Fayal salen varios senderos señalizados. Algunos bajan hacia el barranco y otros tiran por la cresta. No tienen gran complicación, pero conviene llevar agua: el sol pega con ganas a esta altura.
También instalaron una tirolina hace unos años dentro del área recreativa. Pagas, te ponen el arnés y cruzas el pinar colgado de un cable. Las vistas están bien. Si has venido a caminar, tampoco pasa nada por saltártela.
Consejo práctico
Si quieres ver almendros en flor, ven en pleno invierno. El resto del año el pueblo va a su ritmo. Entre semana se camina mejor y hay menos coches.
Plan sencillo: aparca en El Fayal, baja al casco, da una vuelta corta, pregunta por queso y termina en algún mirador de la zona. Con una mañana tienes una idea bastante clara de cómo es Puntagorda. Y de paso no saturas un pueblo pequeño.