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sobre Hermigua
Valle agrícola encajado entre montañas con un microclima único; famoso por su antiguo pescante y el bosque de El Cedro
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Me pasó algo curioso la primera vez que paré en Hermigua. Venía conduciendo por el norte de La Gomera, enlazando curvas, cuando de repente el valle se abre. Plataneras por todas partes, casas dispersas y el mar al fondo. El típico momento en el que bajas la velocidad sin darte cuenta.
El turismo en Hermigua funciona un poco así. No es un sitio que te grite para que pares. Más bien lo descubres mientras cruzas el valle y piensas: “aquí hay más historia de la que parece desde la carretera”.
Hermigua está en el norte de La Gomera, encajada entre barrancos que bajan desde Garajonay hasta el Atlántico. El pueblo no es compacto. Está repartido por el valle, con barrios separados por cultivos y laderas empinadas. Si miras con calma entiendes rápido cómo se ha vivido aquí durante generaciones: bancales, agua que baja por acequias y caminos que conectan pequeñas fincas.
Hay días claros en los que incluso se alcanza a ver el Teide al fondo. Y otros en los que las nubes se quedan pegadas a la montaña y todo parece metido dentro de una nube baja.
Un valle agrícola que sigue trabajando
Lo primero que llama la atención en Hermigua es el mosaico de cultivos. Las plataneras ocupan buena parte del valle, ordenadas en terrazas que trepan por las laderas.
Desde cualquier carretera secundaria se ve bien cómo están organizados los bancales. Es como un puzzle verde que alguien fue montando durante siglos, piedra a piedra.
A poco que subas unos metros por alguna pista o sendero, el conjunto se entiende mejor. Acequias antiguas, pequeños muros de piedra y parcelas estrechas donde todavía se cultiva. No es un paisaje decorativo. Sigue siendo un paisaje de trabajo.
La iglesia y el antiguo convento
En el centro del pueblo está la iglesia de Santo Domingo de Guzmán. Es un templo sobrio, con piedra volcánica y madera de tea. No impresiona por tamaño. Pero encaja bastante con el carácter del valle.
Al lado están los restos del antiguo convento de Santo Domingo, fundado a finales del siglo XVI. Parte del conjunto quedó muy deteriorado con el tiempo y hoy se ve más como una ruina histórica que como un edificio restaurado. A mí me parece casi más interesante así. Te haces una idea bastante clara de lo antiguo que es todo esto.
Santa Catalina y el contacto con el mar
Si sigues el valle hacia abajo acabas llegando a la zona de Santa Catalina. Allí está la pequeña playa del municipio.
Es costa volcánica. Arena negra, roca y un mar que muchas veces entra con fuerza. No es la típica playa para tumbarse horas. Más bien es un buen sitio para entender cómo el valle termina chocando con el Atlántico.
Los días de mar movida el ruido de las olas se oye desde bastante lejos.
Caminos que suben hacia Garajonay
Desde Hermigua salen varios caminos tradicionales que se usaban para moverse entre fincas o subir hacia la cumbre. Algunos están señalizados y otros siguen siendo rutas locales que atraviesan terrenos agrícolas.
Si te gusta caminar, merece la pena explorar alguno con calma. Siempre respetando puertas y lindes, claro. Aquí muchos senderos pasan junto a propiedades privadas.
A medida que se gana altura cambia el ambiente. Aparecen zonas más húmedas, vegetación más densa y el clima se vuelve fresco. No es raro que en el valle haga sol y arriba esté todo cubierto por la niebla del monte.
Fiestas y comida del valle
La vida del pueblo sigue bastante ligada a las celebraciones tradicionales. Las fiestas de Santo Domingo suelen celebrarse en verano y todavía tienen bastante participación local. También es conocida la bajada de la Virgen desde su ermita hacia el centro del valle, una tradición muy arraigada en la zona.
En Carnaval aparece algo muy gomero: grupos que se disfrazan recordando a los emigrantes que regresaban de América o de Europa. Mucho humor y bastante memoria colectiva.
En la mesa manda lo sencillo. Potaje de berros, papas arrugadas con mojo y queso de cabra fresco. Cocina de producto cercano, sin demasiadas vueltas.
Un par de consejos si pasas por Hermigua
Si vas con poco tiempo, yo haría algo sencillo. Un paseo por el valle, acercarte a la iglesia de Santo Domingo y luego bajar hacia la costa. En pocas horas te haces una buena idea del lugar.
También conviene elegir bien la hora. Al mediodía el sol pega fuerte en el fondo del valle. Por la mañana temprano o al caer la tarde el paisaje se entiende mucho mejor.
Y ojo con el coche. Aparcar no siempre es fácil. Hay muchos accesos que llevan a fincas privadas y caminos estrechos donde no conviene dejar el vehículo.
Desde San Sebastián de La Gomera el trayecto ronda los 35 kilómetros. Parece poco en el mapa, pero la carretera tiene curvas y cambios de altura constantes. Aquí conducir siempre lleva un poco más de tiempo del que imaginas.
Hermigua no intenta impresionar a nadie. Es más bien ese tipo de sitio donde entiendes cómo se ha vivido en la isla durante siglos. Si vienes buscando playas grandes o la foto rápida, quizá te quedes frío. Pero si te gusta mirar el paisaje con calma, el valle tiene bastante que contar.