Artículo completo
sobre Santa María de Guía
Villa histórica famosa por su Queso de Flor; posee un casco antiguo declarado monumento histórico-artístico y el Cenobio de Valerón
Ocultar artículo Leer artículo completo
El queso de flor de Guía no se hace con flor. Se elabora con cardo, en concreto con los pistilos secos de la planta, que se usan como cuajo vegetal para la leche. Ese pequeño malentendido explica bastante bien el carácter de Santa María de Guía, en el norte de Gran Canaria: los nombres a veces engañan y casi todo tiene una historia detrás. El territorio que hoy ocupa el municipio ya estaba organizado antes de la conquista castellana, cuando los antiguos canarios almacenaban grano en cuevas excavadas en la roca volcánica.
El pueblo que sube
Santa María de Guía crece en pendiente. Las casas van trepando por la ladera, orientadas hacia la luz que llega desde la costa norte. Ese clima más húmedo explica el paisaje de los alrededores, con cultivos y palmerales que contrastan con el sur más seco de la isla.
El casco histórico fue protegido como conjunto histórico en el siglo XX. La trama urbana conserva bastante de los siglos XVI y XVII, cuando el lugar funcionaba como centro agrícola del noroeste de Gran Canaria. Desde aquí se organizaban los cultivos de las medianías y el comercio con los puertos cercanos.
En la Plaza Grande se levanta la Casa de los Quintana, una vivienda señorial del siglo XVII. Tiene balcones de madera y un gran portalón que conduce a un patio interior. Estos patios eran parte esencial de la casa canaria tradicional: espacio de trabajo, de almacenaje y también de vida diaria. En muchas viviendas del centro aún se reconocen esos esquemas, con muros de piedra, teja y carpintería de madera oscura.
La iglesia que tardó doscientos años
La iglesia parroquial de Santa María de Guía se levantó durante un periodo largo. Las obras comenzaron a finales del siglo XVIII y continuaron durante el XIX, lo que explica la mezcla de lenguajes. Hay rasgos barrocos en el planteamiento inicial y soluciones más sobrias que responden a gustos posteriores.
En su interior se conservan piezas vinculadas a José Luján Pérez, escultor nacido aquí en 1756 y una de las figuras centrales de la imaginería canaria. Sus obras ayudan a entender el peso que tuvo el arte religioso en la isla durante ese periodo.
El atrio funciona también como mirador natural sobre el valle de Guía. Desde ahí se ven las terrazas agrícolas que durante siglos sostuvieron la economía local.
El cardo que cuaja
El queso de flor de Guía cuenta con una denominación de origen protegida. Se produce en esta zona del norte de Gran Canaria con leche de oveja y cuajo vegetal obtenido del cardo silvestre. Ese cuajo aporta un punto amargo muy particular.
El proceso sigue siendo bastante manual. Los pistilos se preparan, se extrae el cuajo y se mezcla con la leche fresca. El resultado suele ser un queso blando y cremoso, muy distinto a otros quesos curados de la isla.
En el barrio de Montaña Alta suele celebrarse cada primavera una feria dedicada al queso. Más que un acto pensado hacia fuera, funciona como punto de encuentro para productores de la zona. Allí también aparece con frecuencia el bienmesabe, un dulce tradicional de almendra, huevo y azúcar que acompaña bien a los quesos locales.
Las cuevas que almacenaron un pueblo
A pocos kilómetros del casco urbano está el Cenobio de Valerón. El nombre puede llevar a error: no fue un monasterio. Se trata de un granero colectivo prehispánico excavado en una ladera volcánica.
En la roca se abren cientos de cavidades donde los antiguos canarios guardaban grano y otros alimentos. El sistema protegía las cosechas de la humedad y de posibles saqueos. La organización del espacio sugiere una gestión comunitaria bastante compleja.
El yacimiento fue protegido como Bien de Interés Cultural en el siglo XX. La visita es sencilla. Hay que subir un pequeño camino hasta la pared rocosa donde se concentran las cavidades. No hay grandes montajes interpretativos; el lugar se entiende sobre todo observando la estructura y el paisaje que lo rodea.
Cómo moverse por el casco
Santa María de Guía se recorre a pie sin dificultad. El centro histórico no es grande, pero conviene caminar despacio y fijarse en los detalles de las casas antiguas: portones, balcones y patios interiores.
Las calles suben hacia la zona alta del municipio, donde está la ermita de San Roque, levantada en el siglo XIX. Desde ese punto se abre la vista sobre el valle y, cuando el tiempo lo permite, también hacia el mar.
Si llegas en coche, lo más práctico es dejarlo cerca del centro y continuar andando. El interés del lugar está en esas calles cortas y en la relación entre el casco urbano y el paisaje agrícola que lo rodea.
A lo largo del año se celebran fiestas vinculadas a la Virgen de Guía y a San Roque, con procesiones y actos populares. Son celebraciones muy arraigadas en el municipio y marcan buena parte del calendario local.