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sobre Teguise
Antigua capital de Lanzarote; municipio extenso que incluye La Graciosa; destaca por su mercadillo y arquitectura colonial
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Los domingos por la mañana, cuando el mercado se instala en la plaza de la Constitución, Teguise recupera por unas horas su pulso antiguo. Entre los puestos de queso y artesanía se mezclan vecinos que vienen a comprar y visitantes que recorren las calles de piedra. Pero fuera de ese bullicio semanal, el pueblo mantiene una quietud que habla de su pasado. Teguise fue durante siglos el centro político de Lanzarote, y su trazado aún lo cuenta.
Una ciudad tierra adentro
La ubicación de Teguise responde a una lógica del siglo XV. Los conquistadores castellanos la fundaron en una meseta del interior norte, a unos 240 metros sobre el nivel del mar. Buscaban un sitio defendible, alejado de las costas donde eran frecuentes los desembarcos de corsarios. Desde aquí se controlaban los caminos que cruzaban la isla.
La piedra volcánica, oscura y porosa, está en la base de todo. Aparece en los muros de carga, en los suelos y en los marcos de puertas y ventanas. Las calles son estrechas, un trazado que da sombra y frena el viento alisio constante.
Perdió la capitalidad a favor de Arrecife en el siglo XIX, pero el casco histórico conserva la estructura de aquella villa principal. La iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, reconstruida varias veces sobre la ermita original, ocupa el lugar central. Su valor es más social que arquitectónico: aquí se guarda la imagen de la patrona, cuya procesión en septiembre sigue marcando el calendario local.
El castillo que vigila desde el volcán
A dos kilómetros del pueblo, el volcán Guanapay domina la llanura. En su cima se ajusta el Castillo de Santa Bárbara, una fortificación del siglo XVI. Su tamaño es modesto, condicionado por el borde del cráter, pero su posición lo explica todo.
Desde las almenas se abarca una vista amplia del interior insular: los campos de ceniza, los conos volcánicos y los caminos. Era un puesto de vigilancia y, en caso de ataque, un refugio para la población. Los saqueos piratas, como el que arrasó la villa a finales del siglo XVI, forman parte de la memoria histórica del lugar. Hoy el castillo alberga una exposición sobre la piratería en Canarias.
Arquitectura sobre piedra negra
El casco histórico permite leer la arquitectura tradicional de Lanzarote. Las viviendas se levantan con muros gruesos de piedra volcánica, revocados en blanco para reflejar el sol. Rara vez superan dos plantas.
Las más antiguas conservan carpinterías de madera y techumbres de tea, una madera de pino resinosa que llegaba por barco. Los patios interiores, a veces con un pequeño aljibe, servían para recoger agua y regular la temperatura.
Alrededor de la plaza principal se alinean varias casas señoriales del siglo XVIII, de líneas sobrias y portones amplios. Pertenecían a familias vinculadas al comercio insular. Dispersas por el término municipal quedan también ermitas como las de San Rafael o San Francisco, pequeños volúmenes blancos que marcaban los puntos de culto para los barrios y las zonas de cultivo.
El domingo y los otros días
El mercado dominical llena las calles de puestos y gente. Se vende artesanía, ropa, productos agrícolas y comida. Llegan autobuses desde las zonas turísticas, pero también acuden vendedores y compradores de toda la isla. En los bancos de la plaza es habitual ver a vecinos mayores que pasan allí la mañana.
Entre semana el ritmo cambia. Las calles se vacían y se puede caminar con tranquilidad, observando los detalles de las fachadas y el juego de luz sobre la piedra negra. Es entonces cuando mejor se entiende la escala del antiguo núcleo.
Recorrer el pueblo
El casco histórico se recorre andando sin dificultad. Una vuelta por sus calles principales puede hacerse en una hora.
Muchos combinan la visita con la subida al Castillo de Santa Bárbara. Se puede llegar en coche por una carretera que serpentea hasta la base; el último tramo hasta la entrada se hace a pie, con cierta pendiente.
Teguise no tiene mar a la vista. Su interés es otro: fue durante siglos el lugar desde donde se gobernaba Lanzarote. Pasear por sus calles ayuda a entender esa capa de la historia insular, anterior a los complejos turísticos y las carreteras costeras.