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sobre Valle Gran Rey
Principal centro turístico de La Gomera; famoso por sus atardeceres; playas de arena negra y ambiente bohemio entre palmeras
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Valle Gran Rey es como ese primo que se fue a vivir a la isla. Te cuenta que se ha comprado una panga de segunda mano para pescar. Al principio piensas: “otro con el rollo de la vida slow”. Pero luego ves que va en serio. Se pasa las mañanas en el mar y las tardes arreglando redes. Este valle tiene un poco de eso. Es el lugar que decidió tomarse la vida a otro ritmo.
Llegas desde Arure por una carretera de curvas cerradas. De repente, el valle se abre ante ti. Palmeras, bancales y casas bajan hacia el mar. Parece un decorado colocado con paciencia. Cuando bajas, ves que es un sitio vivido. Hay patios con bidones viejos y gallinas sueltas. Gatos te miran desde los muros de piedra seca.
Un puerto que huele a trabajo
El Puerto de Vueltas huele a mar y a gasolina de barcas. Las embarcaciones están amarradas con cuerdas gastadas. A veces ves a alguien limpiando pescado en la cubierta. Otro se apoya en el muelle comentando la jornada. Los puertos deberían parecerse más a esto.
A dos pasos está la playa de La Puntilla. Es arena negra con oleaje atlántico. Por la mañana hay vecinos paseando al perro o nadando antes del calor. También verás extranjeros que llevan años viniendo. El agua está fría, esto no es el Caribe, pero el cuerpo se acostumbra.
La vista desde arriba
En la parte alta está el mirador de Palmarejo. Su diseño se atribuye a César Manrique. Lo interesante es cómo está colocado: apenas interfiere con el paisaje. Desde allí ves todo el valle en forma de V bajando al mar.
Si te apetece caminar, hay senderos entre bancales y palmerales. Uno baja hacia La Rajita, en la costa. No es una caminata técnica, pero tiene tramos largos y soleados. Tómatelo con calma. El paisaje cambia: del verde del valle al terreno seco y luego al océano.
Comer en el valle
El potaje de berros suena a penitencia en la carta. Luego llega humeante en su cazuela verde oscura. Tiene ese punto de comino que lo cambia todo.
El almogrote es otra cosa: queso de cabra curado machacado con aceite, ajo y tomate hasta formar una pasta potente que pica un poco.
Y luego está el gofio, harina tostada que aparece en todas partes: mezclada con leche o dentro de un postre.
No todo es perfecto
Valle Gran Rey no es perfecto. Hay días con el mar revuelto y algas en la playa. Algunas noches los perros del barrio ladran a coro. Y cuando aprieta el calor, se nota.
Pero también pasan cosas pequeñas. Un amanecer tranquilo en La Calera. Una tarde viendo entrar una barca al puerto. O las fiestas del Carmen, cuando sacan la imagen en barco rodeada de gente.
No te diré que sea el lugar más bonito de Canarias. Pero tiene algo especial. Cuando te marchas sientes que lo has dejado a medias. Como cuando paras una serie sabiendo que volverás para ver cómo sigue