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sobre Tazacorte
El pueblo con más horas de sol de Europa; puerto pesquero y plataneras que llegan hasta el mar; ambiente colorido
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El coche baja por la LP-212 y el termómetro sube unos cuantos grados en pocos minutos. Tazacorte está al fondo del barranco. El aire pesa y el mar queda ahí mismo, como si el pueblo se hubiera quedado sin espacio. Son pocos kilómetros cuadrados entre plataneras y costa. Aquí casi no llueve y eso se nota.
El puerto que no necesita cartel
Aparca arriba si vienes en fin de semana o en verano. Abajo hay hueco algunos días, pero no siempre. Cuando llegan visitantes de otros puntos de la isla o de los cruceros, el paseo se llena rápido.
El puerto deportivo ocupa lo que antes era la playa de los bagañetes, que es como se conoce a los vecinos de Tazacorte. Hoy hay pantalanes, barcos pequeños y terrazas mirando al agua.
La playa del Puerto es de arena negra y no muy grande. El espigón corta el oleaje y el baño suele ser tranquilo. El agua está limpia y bastante templada durante buena parte del año. Cuando hace sol, la arena quema más de lo que parece.
Un puerto con más historia de la que parece
Aquí desembarcó Alonso Fernández de Lugo cuando empezó la conquista de La Palma a finales del siglo XV. No hay mucho que lo recuerde. Una placa y poco más. La mayoría pasa por delante sin fijarse.
Durante siglos, este puerto movió azúcar y vino. Luego llegó el plátano y cambió todo. Empresas extranjeras controlaron buena parte del negocio y el pueblo giró alrededor de las fincas y del embarque.
A la entrada del casco urbano está el edificio Yanes. Amarillo, grande, tres plantas. Fue oficina comercial en los años del auge del plátano. Hoy sigue en pie, pero se nota el paso del tiempo.
Dos playas y un sendero corto
La playa principal es la del Puerto. Fácil acceso, arena fina y paseo al lado.
La otra es La Charcada. Está a poca distancia, pero hay que subir un poco por carretera o sendero. El ambiente cambia. Hay más piedra y el mar entra con más fuerza algunos días.
Entre ambas playas hay un camino que bordea el acantilado. No es largo. En veinte minutos estás de un lado a otro. Apenas hay sombra, así que mejor hacerlo temprano o al caer la tarde.
Comer y vivir aquí
Tazacorte no gira alrededor del turismo. Se nota. El puerto tiene terrazas y bares sencillos donde se come pescado cuando lo hay. Nada sofisticado.
El resto del pueblo vive más pendiente de las plataneras que de los visitantes. En las calles del casco antiguo hay casas antiguas, algunas bien cuidadas y otras esperando arreglo.
Las fiestas de los Santos Mártires siguen siendo el momento fuerte del calendario local. Procesión, música en la plaza y vecinos que se conocen entre todos.
Cómo llegar y cuándo venir
Se llega por la carretera que baja desde Los Llanos. La bajada es corta pero con curvas. El autobús existe, aunque los horarios no siempre ayudan.
El pueblo se ve rápido. Baja al puerto, camina el paseo y date un baño si el mar está tranquilo. Luego sube otra vez y mira el valle desde la carretera.
Mejor venir fuera de agosto. En otoño o primavera el clima sigue siendo cálido y el ambiente es mucho más tranquilo. Y trae gorra. Aquí el sol aprieta aunque no lo parezca.