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sobre Pájara
Municipio con más kilómetros de costa de España; incluye las inmensas playas de Jandía y Sotavento; paraíso del windsurf
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El pico de la Zarza, con 807 metros, es el punto más alto de Fuerteventura. Desde esa cumbre se entiende bien el municipio de Pájara: una franja enorme del sur de la isla donde los barrancos bajan hacia el Atlántico y donde la costa se estira durante decenas de kilómetros casi sin interrupción. Aquí el viento forma parte del paisaje tanto como la arena o la lava.
La mayor parte del territorio corresponde a la península de Jandía, una zona históricamente aislada del resto de la isla por su relieve áspero y por la falta de caminos hasta bien entrado el siglo XX.
El sur que fue señorío
Durante siglos, la península de Jandía funcionó como un señorío separado dentro de Fuerteventura. Su control estuvo ligado a concesiones señoriales desde época moderna, cuando la explotación de recursos —sobre todo ganaderos y ciertos productos costeros— tenía valor económico para la isla.
La figura más conocida de esta historia reciente es Gustav Winter, un ingeniero alemán que se instaló en Jandía en la primera mitad del siglo XX. Mandó construir la conocida villa de Cofete en los años treinta, una casa aislada en medio de un paisaje casi vacío. Con el tiempo han circulado muchas historias sobre su papel durante la Segunda Guerra Mundial; lo que sí está documentado es su implicación en proyectos agrícolas y ganaderos en la península.
Mucho antes de todo eso, el pueblo de Pájara ya era un pequeño núcleo interior. La iglesia de Nuestra Señora de Regla, levantada en el siglo XVII y ampliada en el XVIII, sigue siendo el edificio más singular del casco histórico. Su fachada llama la atención por una decoración poco habitual en Canarias, con relieves que algunos estudiosos han relacionado con influencias americanas. No hay consenso total sobre su significado, pero es uno de esos templos que obligan a detenerse un rato a mirar.
El pueblo mantiene todavía una escala tranquila, con casas bajas y calles cortas alrededor de la plaza.
Cuando el viento moldea el paisaje
La costa de Pájara cambia mucho según el tramo. Hacia el este, entre Costa Calma y Morro Jable, las playas son largas y abiertas, con arena clara y viento constante. Ese viento es la razón por la que esta parte de la isla se convirtió hace décadas en uno de los lugares habituales para practicar windsurf y kitesurf.
Más al oeste, al otro lado de la dorsal de Jandía, el paisaje se vuelve más áspero. Cofete y Barlovento son playas enormes, abiertas directamente al Atlántico, donde el mar suele entrar con fuerza. No son lugares pensados para el baño largo sino para caminar y entender la escala del territorio: kilómetros de arena con muy pocas construcciones alrededor.
El interior de la península también merece tiempo. El ascenso al pico de la Zarza es la caminata más conocida de la zona. El sendero parte desde las cercanías de Morro Jable y sube poco a poco hasta la cumbre. No es una ruta técnica, pero sí larga y muy expuesta al sol. Arriba, cuando el día está claro, se ve toda la vertiente occidental de Jandía y la playa de Cofete extendida al fondo.
Queso, cabra y lo que el mar deja
La cocina local sigue muy ligada al campo. El queso majorero —elaborado con leche de cabra de la raza autóctona— es uno de los productos más reconocibles de la isla y se encuentra con facilidad en todo el municipio.
En las casas y en las cocinas tradicionales también aparecen las jareas, pescado abierto y secado al aire, una forma de conservación muy antigua en las islas orientales. El cabrito, los potajes sencillos y el gofio siguen presentes en muchas mesas.
En los núcleos turísticos la oferta es más amplia, pero en el pueblo de Pájara todavía se percibe esa relación directa con el producto local.
Cómo moverse sin perderse
Pájara es uno de los municipios más extensos de Canarias y las distancias engañan en el mapa. El pueblo de Pájara está en el interior, mientras que Morro Jable y Costa Calma concentran la mayor parte de los alojamientos en la costa.
Para recorrer Jandía conviene moverse en coche. La pista que baja hasta Cofete sigue siendo larga y en parte sin asfaltar, y el trayecto puede llevar bastante más de lo que parece sobre el papel.
En las playas de la vertiente occidental apenas hay servicios. Si se va hasta allí, lo normal es llevar agua y algo de comida. El mar suele ser fuerte y las corrientes cambian rápido, así que conviene ser prudente.
Quien tenga tiempo para caminar encontrará varios senderos señalizados en la península. En verano es mejor salir temprano: el sol cae de lleno y la sombra escasea durante casi todo el recorrido.
Pájara no se entiende tanto por sus monumentos como por su escala. El viento, las distancias y la sensación de aislamiento siguen marcando el carácter de este extremo de Fuerteventura. Aquí el territorio manda.