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sobre Santa Úrsula
Municipio residencial con gran oferta gastronómica; ofrece vistas panorámicas al Teide y al valle desde sus miradores
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Santa Úrsula es como ese vecino que tiene un huerto en la azotea: no presume de nada, pero un día te da a probar su vino y te quedas pensando que llevabas meses sin beber algo así. Está ahí, en la cara norte de Tenerife, entre La Orotava y Puerto de la Cruz, sin hacer demasiado ruido. Y eso que la zona carga con bastante historia: por aquí se sitúan tierras vinculadas al mencey Bencomo, uno de los jefes guanches que más guerra dio durante la conquista. Hoy el paisaje es otro: viñedos que bajan por la ladera como si alguien hubiera dibujado escalones gigantes y unos cuantos guachinches donde el vino sigue siendo cosa seria.
El vino que acabó viajando mucho más lejos que el pueblo
La vid llegó pronto a Santa Úrsula. Ya en el siglo XVI salían vinos del norte de Tenerife rumbo a puertos ingleses y a otras partes de Europa. La famosa malvasía de Canarias tenía bastante tirón en aquella época, y buena parte del norte de la isla vivió durante siglos de ese comercio.
Luego llegaron épocas más complicadas: plagas en las viñas, cambios en la economía, y el auge de la cochinilla, ese insecto que se cultivaba para obtener tinte rojo y que durante un tiempo dio de comer a medio campo tinerfeño. Con los años la vid volvió a ocupar terreno. Hoy muchas parcelas están dentro de la Denominación Tacoronte‑Acentejo.
Si pruebas un vino de aquí notarás enseguida el carácter del terreno: suelos volcánicos, bastante humedad por la cara norte y variedades locales que llevan siglos adaptándose. Sabes cuando es bueno porque no necesitas ser experto; simplemente va bien con una tabla de queso al sol.
Un sendero antiguo entre viñas (y cuestas)
Por encima del casco urbano hay varios caminos que conectaban caseríos antes de que todo se hiciera en coche. Uno conocido es el Camino de los Guanches, una ruta por medianías entre viñedos y huertas.
No es una caminata complicada, pero tampoco es un paseo llano. Hay cuestas, tramos de tierra y zonas donde el sol pega fuerte si viene despejado. Calcula unas horas si lo haces con calma.
Lo bueno es que a ratos se abre la vista hacia el valle de La Orotava y el Teide aparece al fondo cuando las nubes dan tregua. De esos miradores que parecen maquetas desde arriba. Consejo práctico: lleva agua siempre. En esta parte de la isla puedes salir con jersey y acabar andando en camiseta.
Cuando el pueblo se pone patas arriba
Las fiestas patronales dedicadas a Santa Úrsula suelen ser en octubre y durante varios días el pueblo cambia completamente. Hay verbenas, actos religiosos y bastante movimiento.
También es habitual que se organicen muestras con bodegas enseñando la nueva cosecha. Es uno de esos momentos en los que ves cómo mucha gente tiene raíces aquí aunque viva fuera. Si vienes entonces, asume que aparcar cerca del centro será misión casi imposible.
Guachinches: comer como se ha hecho aquí toda la vida
Hablar de Santa Úrsula sin mencionar los guachinches sería raro. Al final forman parte del paisaje tanto como las viñas.
Un guachinche nació como una casa donde el cosechero abría las puertas para vender su propio vino con comida sencilla. Nada de cartas largas: unos cuantos platos caseros y ya está. Suelen funcionar por temporadas, normalmente cuando hay vino nuevo, así que no siempre están abiertos todo el año. Si ves coches aparcados fuera, olor a comida y gente entrando por una puerta lateral, probablemente vas bien.
En la mesa aparecen cosas muy de aquí: conejo en salmorejo, carne fiesta, papas arrugadas… comida contundente y sin demasiadas vueltas. El ambiente suele ser cercano; a veces acabas compartiendo charla con gente sin darte cuenta.
Cómo moverte sin complicarte demasiado
– El centro del pueblo se recorre rápido andando, pero para moverte entre barrios o bajar hacia la costa lo normal es usar coche. – Si buscas vistas del valle hay varios miradores pequeños en las carreteras secundarias hacia La Orotava. – La plaza junto a la iglesia suele ser punto neurálgico: bancos donde sentarse un rato. – En esta cara norte guarda siempre algo para taparte o para quitarte calor; puede cambiar rápido. – El mercadillo local monta puestos varios días a la semana cerca del campo deportivo; si te gusta comprar fruta recién cogida merece parar.
Santa Úrsula no funciona mucho como destino turístico al uso. Es más bien un sitio para moverse sin prisa: aparcas por alguna calle tranquila (evita las horas punta), caminas un rato entre viñas hasta perderte un poco entre los muros bajos verdes oscuros -que son las parras-, te sientas en algún banco alto donde haya vista hacia el mar o hacia adentro... Y ya está.
Cuando te vas queda esa sensación curiosa: haber pasado unas horas donde parece haberse detenido otra velocidad distinta al resto del norte turístico -Puerto está ahí mismo- pero sin pretenderlo ni llamar atención sobre ello tampoco mucho menos disimulándolo porque tampoco hace falta ya sabes cómo son estas cosas cuando son reales