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sobre Santiago del Teide
Municipio que alberga los impresionantes Acantilados de los Gigantes; zona de almendros en flor y turismo costero
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Los acantilados de Los Gigantes son como esos primos altos de la familia: se creen los mejores y, la verdad, tienen argumentos. Pero Santiago del Teide es bastante más que ese muro de piedra que sale en todas las fotos. Es de esos sitios que, visto rápido desde la carretera, parece tranquilo tirando a dormido… hasta que empiezas a moverte un poco por el municipio.
El pueblo que se paró en seco
Imagínate que eres una colada de lava bajando por la ladera. Llevas días quemando todo a tu paso y de repente… te paras a pocos metros de las casas. Eso fue lo que ocurrió en 1909 con el volcán Chinyero. La lava llegó muy cerca del núcleo de Santiago del Teide y se detuvo cuando parecía que el pueblo lo tenía perdido.
Los vecinos lo atribuyen a una procesión con la imagen del Santísimo Cristo del Valle. No voy a meterme en debates geológicos ni religiosos, pero lo cierto es que el episodio se quedó grabado en la memoria del lugar. Cada noviembre se recuerda lo que aquí llaman el “Milagro del Volcán”, con varios días de actos y celebraciones.
Tiene su punto curioso: en una isla moldeada por volcanes, el gran relato local habla de una lava que decidió no seguir avanzando.
Un municipio que sube del mar a la cumbre
Santiago del Teide es de esos municipios que en el mapa parecen pequeños y luego te das cuenta de que abarcan medio mundo. En relativamente pocos kilómetros pasas de la costa de Puerto Santiago a zonas de alta montaña dentro del entorno del Teide.
La sensación es un poco como subir una escalera muy larga: sales del nivel del mar, con hoteles y paseos marítimos, y en menos de una hora estás entre pinares, coladas negras y carreteras que empiezan a ganar altura de verdad.
En la costa están los acantilados de Los Gigantes, que ya conoces por fotos. Vistos desde el agua impresionan bastante más que desde tierra. Además, el canal que separa Tenerife de La Gomera suele tener bastante movimiento de cetáceos; las salidas en barco se organizan precisamente por eso. No siempre hay espectáculo, pero es bastante habitual ver delfines o calderones.
Lo que se come por aquí
La cocina de esta zona es bastante de casa: platos contundentes, pensados para quien venía del campo o del monte.
El conejo en salmorejo aparece mucho en las cartas. También el escaldón de gofio, que llena más de lo que parece cuando lo ves llegar a la mesa. Si te gusta la cocina canaria de cuchara, el puchero con berros y batata que preparan en la zona de Tamaimo suele aparecer en temporada.
Y luego están los postres. El bienmesabe que se hace por aquí es más espeso que el que encuentras en otros sitios de la isla. Muy de almendra, muy de cuchara pequeña.
Otra cosa típica del municipio es el queso ahumado, muchas veces hecho con leche de cabra de la zona. Tiene ese punto intenso que te hace pensar que alguien lo dejó demasiado cerca del fuego… pero funciona.
Senderos que te hacen sudar (y merecen la caminata)
El barranco de Masca es probablemente la ruta más conocida de la zona. Son unos cuantos kilómetros de descenso entre paredes enormes hasta llegar al mar. Durante años fue una excursión bastante libre; ahora suele funcionar con control de acceso y horarios para evitar que aquello se desmadre.
La caminata no es complicada técnicamente, pero cansa. Si bajas hasta la playa, ten en cuenta que luego hay que resolver la vuelta por barco o transporte organizado. Conviene mirarlo con antelación.
Más tranquila es la ruta circular del volcán Chinyero. Caminas entre coladas de la erupción de 1909 y pinar. El contraste es curioso: terreno negro, casi lunar, y de repente almendros o retamas rompiendo el paisaje.
En febrero y marzo, cuando los almendros florecen, el camino cambia bastante de aspecto.
Cuándo ir sin complicarte
El clima aquí es bastante estable. En la costa las temperaturas suelen moverse en un rango suave casi todo el año, mientras que en las zonas más altas refresca bastante más.
A lo largo del año hay varias fiestas locales repartidas por los distintos núcleos del municipio. En Arguayo, por ejemplo, la tradición alfarera sigue muy presente y en determinadas fechas se organizan actividades relacionadas con la cerámica. En Santiago del Teide pueblo también se celebran romerías y fiestas patronales que todavía conservan bastante participación vecinal.
No hace falta cuadrar el viaje con ninguna fecha concreta, pero si te pillan unas fiestas de pueblo mientras estás por la zona, acércate un rato. Suelen ser bastante auténticas.
Un consejo práctico para moverte
Santiago del Teide no funciona mucho como “pueblo para pasear dos horas y listo”. El municipio está muy repartido: costa, medianías, montaña.
Un plan bastante lógico es combinar cosas: sendero por la mañana, bajar luego hacia Puerto Santiago o Los Gigantes, acercarte a la playa de la Arena —arena volcánica, negra y caliente cuando aprieta el sol— y terminar el día viendo cómo cae la tarde sobre los acantilados.
Y un aviso rápido: en verano aparcar en la zona de costa puede ponerse pesado. Si te alojas en alguno de los núcleos del interior, a veces compensa bajar en transporte público o con calma fuera de las horas fuertes.
Al final, Santiago del Teide es como ese amigo del grupo que no llama la atención al principio. No es el más famoso de la isla ni el que sale en todos los anuncios. Pero cuando pasas un par de días moviéndote por sus barrios, sus senderos y su costa, entiendes por qué la gente de aquí se queda.