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sobre Arico
Extenso municipio que va del monte a la costa; famoso por sus zonas de escalada; quesos artesanales y pequeños barrios costeros con encanto
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Arico es como ese compañero del gimnasio que parece discreto hasta que te dicen el dato bueno: el municipio es enorme. Desde la costa hasta bien arriba en las medianías y casi la cumbre, todo eso es Arico. Cuando miras el mapa entiendes por qué a veces parece que estás cambiando de sitio… y sigues estando en el mismo municipio.
El territorio se reparte en varios núcleos bastante separados entre sí. Y tres de ellos llevan el mismo nombre. Ahí empieza parte del lío.
Los tres Aricos: uno es pueblo, otro es villa y el tercero… también
¿Sabes cuando preguntas una dirección y te responden “sí, eso está en Arico”, pero no te dicen cuál? Pues pasa más de lo que imaginas.
Está Arico el Viejo, que es el núcleo histórico, con casas antiguas de piedra volcánica y calles tranquilas. Luego Arico el Nuevo, que tampoco es tan nuevo; surgió hace siglos cuando el asentamiento empezó a desplazarse un poco hacia otra zona más cómoda. Y después está Villa de Arico, que hoy funciona como centro administrativo del municipio.
Entre ellos hay pocos kilómetros, pero la sensación cambia bastante. Arico el Viejo tiene ese aire de pueblo antiguo de medianías; Arico el Nuevo es más abierto; y la Villa concentra servicios y movimiento diario.
Consejo práctico de colega: cuando alguien te diga que algo está “en Arico”, pregunta cuál de los tres. O que te manden la ubicación. Aquí hasta el GPS duda a veces.
La iglesia de San Juan Bautista y el corazón de Arico el Viejo
En Arico el Viejo todo gira bastante alrededor de la iglesia de San Juan Bautista, levantada entre los siglos XVII y XVIII. Es uno de esos templos canarios hechos con piedra oscura que parecen integrarse en la ladera.
Al acercarte notas enseguida las paredes gruesas y el contraste entre la piedra volcánica y el blanco de algunos muros cercanos. Dentro se respira ese olor típico de iglesia antigua: madera, cera, humedad ligera de piedra vieja.
La plaza de alrededor es pequeña, pero suele ser el punto donde la gente se encuentra, charla un rato o se sienta al sol cuando el viento de la costa no llega hasta aquí.
El pino de Buen Paso
En la zona conocida como Cruce de Las Casitas hay un pino canario bastante conocido en el municipio: el Pino de Buen Paso.
No es el típico árbol al que pasas de largo. El tronco es enorme y cuando te acercas te das cuenta de que lleva allí muchísimo tiempo. La gente del lugar suele decir que tiene varios siglos. Cuántos exactamente es difícil asegurarlo, pero desde luego es anterior a muchas de las casas que hay alrededor.
Durante años fue punto de reunión en la zona. Algunos vecinos mayores recuerdan celebraciones o encuentros bajo su sombra. Hoy sigue siendo parada habitual para quien pasa por allí, aunque ahora lo más común es ver a alguien sacando una foto antes de seguir camino.
Y se entiende: cuando aprieta el calor en verano, la sombra de ese pino se agradece de verdad.
Bajando por el Barranco de Tamadaya
Si te gusta caminar, uno de los recorridos más conocidos del municipio es el Barranco de Tamadaya.
El sendero atraviesa un paisaje muy del sur de Tenerife: barranco amplio, tabaibas, cardones y ese olor a monte seco que aparece cuando el sol calienta la tierra. A medida que avanzas vas encontrando restos de antiguas eras o construcciones agrícolas que recuerdan que estas laderas estuvieron muy trabajadas.
No es una caminata técnica, pero tampoco es paseo de playa. Hay tramos pedregosos y desnivel, así que mejor ir con calzado decente y agua.
Lo bueno es que el recorrido te deja cerca del pueblo, y después de un par de horas andando siempre apetece sentarse un rato en alguna terraza del lugar.
Pescado con castañas: una mezcla que sorprende
La cocina tradicional de Arico tiene combinaciones que, sobre el papel, suenan raras.
Una de las más comentadas es el pescado salado con castañas, un plato antiguo que mezcla producto del mar con lo que se cultivaba en las medianías. Dicho así parece extraño, pero cuando lo pruebas entiendes la lógica: salado potente del pescado, dulzor suave de la castaña.
En la zona también se elaboran quesos de cabra bastante conocidos en Tenerife, y en las partes altas del municipio hay viñas que forman parte de la denominación de origen Abona. Nada espectacular ni pensado para turistas: producción pequeña, muy ligada a la tierra.
Mi veredicto de amigo
Arico no es el típico sitio del sur de Tenerife que sale en los catálogos con hamacas y cócteles. Aquí la gracia está en el contraste.
En menos de media hora pasas del mar a pueblos de medianías con huertas, barrancos y carreteras estrechas donde casi no te cruzas con nadie. Ese cambio de paisaje es lo que le da carácter al municipio.
¿Se puede ver rápido? Sí. En unas horas recorres los núcleos principales.
¿Merece la pena ir con más calma? También, sobre todo si te gusta conducir sin prisa, parar en miradores improvisados y curiosear pueblos pequeños.
Y un último aviso de colega: si vienes en coche, aparca con cabeza. En los pueblos las calles son estrechas y los vecinos no tienen mucha paciencia con los coches mal colocados.
Lo digo por experiencia.