Artículo completo
sobre Granadilla de Abona
Municipio extenso que incluye el aeropuerto sur y la playa de El Médano; referencia mundial para deportes de viento
Ocultar artículo Leer artículo completo
Granadilla de Abona es como ese primo que se fue a vivir fuera y volvió con un aeropuerto. Literalmente. El Tenerife Sur–Reina Sofía está dentro de sus límites, así que millones de personas pasan por aquí cada año… y la mayoría ni se entera de que está en Granadilla.
Aterrizan, recogen el coche y tiran para la autopista rumbo a los hoteles del sur. Y ya. Pero el turismo en Granadilla de Abona tiene esa cosa curiosa: está ahí mismo, a cinco o diez minutos del aeropuerto, y aun así mucha gente se lo salta sin darse cuenta.
El truco de la cuerda
Durante años hice exactamente lo mismo. Aterrizar, coche, autopista. Hasta que un día el GPS decidió ponerse creativo y me mandó por una carretera secundaria hacia el interior. De repente estaba subiendo curvas y dejando atrás el paisaje de hoteles y rotondas.
Ahí empieza a entenderse Granadilla.
El casco histórico no se ve desde lejos. Está metido tierra adentro, en una ladera, como si el pueblo hubiera preferido mirar al campo antes que al mar. Calles empinadas, casas antiguas, y esa sensación de que el ritmo aquí es otro.
La iglesia de San Antonio de Padua aparece dominando el casco, con esa presencia tranquila de los edificios que llevan siglos viendo pasar gente. No es un sitio monumental en el sentido de “venir solo para esto”, pero sí de esos lugares donde te apetece bajar del coche y caminar un rato sin rumbo.
Granadilla tiene algo de pueblo que ha visto crecer el sur turístico desde cierta distancia. No vive de espaldas a él, pero tampoco gira todo a su alrededor.
Cuando el viento es el que manda
Si bajas hacia la costa, el ambiente cambia bastante. El Médano es probablemente la parte más conocida del municipio, y también la que tiene más movimiento.
El viento aquí no es un detalle del clima: es parte del carácter del sitio. Casi siempre está soplando, a veces fuerte, y por eso esta zona lleva años llena de velas, cometas y tablas cruzando el agua.
La primera vez que vi a los kitesurfistas saltando sobre el mar pensé que era como ver skate, pero en versión oceánica. Caídas incluidas.
El pueblo tiene ese aire surfero que no parece montado para la foto. Gente caminando descalza por el paseo, tablas apoyadas en cualquier pared, terrazas abiertas al mar porque con la brisa casi siempre sobra cualquier otra cosa.
Un poco más allá aparece la playa de La Tejita, una franja amplia de arena natural al pie de Montaña Roja. Es de esas playas donde el paisaje manda bastante más que las infraestructuras. Arena, viento, mar abierto y la montaña volcánica cerrando el lado del horizonte.
Subir hacia el interior
Una de las cosas que más me sorprendió del turismo en Granadilla de Abona es que mucha gente se queda solo en la costa.
Si te alejas unos kilómetros hacia arriba, el paisaje cambia rápido. El terreno se vuelve más agrícola, aparecen casas dispersas, fincas, y pueblos que viven más del día a día que del turismo.
Barrios como Charco del Pino o las zonas altas del municipio tienen ese ambiente de medianías tinerfeñas: carreteras estrechas, bancales, y miradores naturales donde paras el coche casi por instinto.
Desde varios puntos del interior se ve todo el valle que baja hacia el aeropuerto y el mar. Y ahí te das cuenta de algo curioso: desde arriba, el sur turístico parece mucho más pequeño de lo que uno imagina cuando está metido en él.
La comida que no intenta impresionar
En esta parte de Tenerife la cocina suele ser bastante directa.
Papas arrugadas con mojo, conejo en salmorejo, pescado cuando llega fresco. Cosas que llevan décadas haciéndose igual. Aquí la prueba de fuego suele ser sencilla: si las papas están bien hechas y el mojo tiene carácter, normalmente el resto también funciona.
Los dulces tradicionales aparecen mucho en panaderías del municipio y en fiestas locales: rosquetes, truchas de batata, cosas con miel, almendra o anís que recuerdan bastante a la repostería casera de toda la vida.
Nada sofisticado, pero tampoco lo pretende.
Un sitio grande que mucha gente pasa de largo
Granadilla de Abona es un municipio amplio. Tiene costa, pueblos interiores, zonas agrícolas y uno de los aeropuertos con más tráfico de Canarias. Todo en el mismo mapa.
Por eso intentar verlo todo en una visita corta no suele tener mucho sentido.
Si te quedas por la costa, El Médano y los alrededores de Montaña Roja dan para pasear, ver el ambiente de la playa y entender por qué tanta gente viene aquí a navegar con viento.
Si prefieres algo más tranquilo, subir al casco de Granadilla o perderte por las carreteras de las medianías cambia completamente la sensación del lugar.
Y si tienes poco tiempo —algo bastante común cuando estás cerca del aeropuerto— hay un plan sencillo: caminar por los senderos de Montaña Roja. No es una subida larga, pero desde arriba se ve todo el sur inmediato de la isla: el aeropuerto, las playas, el pueblo de El Médano y el paisaje seco que caracteriza esta parte de Tenerife.
Es uno de esos momentos en los que piensas: “todo esto estaba aquí al lado… y casi me lo salto”.