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sobre Tuineje
Municipio agrícola y ganadero con costa turística en Gran Tarajal; escenario de batallas históricas contra corsarios
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En Tuineje el viento manda. No es una brisa suave: es el alisio que seca la tierra, dobla los tomateros y obliga a las cabras majoreras a buscar resguardo entre tabaibas. El paisaje no se mira con distancia. Se entiende caminándolo, con esa mezcla de piedra volcánica, polvo y sal que define buena parte del sur de Fuerteventura.
La geología del miedo
El municipio ocupa el sureste de la isla y abarca un territorio amplio, áspero en muchos tramos. El vulcanismo que formó Fuerteventura es antiguo —millones de años—, pero su huella sigue ahí. Los malpaíses, esas superficies de lava solidificada que parecen un mar detenido, explican bien por qué los asentamientos históricos se concentraron en valles y barrancos donde a veces corría el agua.
Parte del territorio municipal entra en el Parque Rural de Betancuria, compartido con otros municipios del interior. Hoy domina el matorral seco, aunque tradicionalmente se habla de formaciones vegetales más densas antes de la explotación intensiva tras la conquista castellana. En la Caldera de Gairía, un cono volcánico muy erosionado que se levanta sobre una llanura pedregosa, sobreviven especies vegetales adaptadas a condiciones muy duras. El contraste entre la caldera y el terreno circundante ayuda a entender la escala del paisaje majorero.
Cuando los ingleses desembarcaron
La memoria local recuerda el intento de saqueo británico de mediados del siglo XVIII. Tropas vinculadas al corsario George Clifford desembarcaron cerca de la costa con la intención de avanzar hacia el interior. Los vecinos, organizados como milicia, les hicieron frente en los llanos cercanos al pueblo. Aquella escaramuza terminó con la retirada inglesa.
El episodio quedó ligado a la devoción por San Miguel. Según la tradición, la imagen del santo sufrió daños durante el combate. Desde entonces el municipio mantiene la llamada Jurada de San Miguel, una promesa colectiva que cada año se renueva con actos religiosos y una recreación popular de la batalla. No es una escenificación solemne; participa medio pueblo y el ambiente se parece más a una fiesta de memoria compartida que a un espectáculo.
El pueblo que se organizó alrededor de la parroquia
El núcleo de Tuineje creció en torno a la iglesia de San Miguel Arcángel. La primera construcción fue una ermita levantada a finales del siglo XVI. Con el tiempo ganó rango parroquial y acabó consolidando el centro del asentamiento.
El edificio actual responde en gran parte a reformas del siglo XVIII. Tiene cubierta de madera de tea y un interior sencillo. El retablo barroco no es especialmente monumental, pero el atrio sí tiene interés por su posición. Desde allí se domina el valle y el antiguo camino hacia Gran Tarajal, una ruta que durante siglos conectó el interior ganadero con el pequeño puerto de la costa.
A poca distancia aparece la ermita de San Marcos. Es un edificio modesto, levantado también en época moderna, situado en un borde del malpaís. Su presencia aislada dice mucho del territorio: pequeñas construcciones religiosas marcaban caminos y servían como referencia en un paisaje abierto donde casi todo parece igual.
Queso, tomate y otras formas de vivir aquí
La ganadería caprina sigue siendo una de las bases del paisaje rural del municipio. La cabra majorera, bien adaptada al terreno seco, produce una leche intensa con la que se elabora el conocido queso majorero. La denominación de origen llegó en el siglo XX, aunque la elaboración es muy anterior. El uso de cuajo vegetal, el prensado manual y el secado al aire han sido prácticas habituales durante generaciones.
En la costa, especialmente alrededor de Gran Tarajal, la agricultura bajo invernadero cambió el panorama durante décadas. El tomate fue uno de los cultivos principales destinados a la exportación. No es raro ver aún estructuras agrícolas cerca del litoral. En el puerto también persiste la costumbre de preparar pescado seco, las jareas, aprovechando el sol constante y el viento.
Cómo moverse por el municipio
Tuineje queda a algo más de media hora en coche del aeropuerto de Puerto del Rosario. La carretera cruza un paisaje volcánico bastante abierto. Conviene moverse con vehículo propio porque los núcleos están separados.
El casco de Tuineje se recorre rápido y a pie. Desde allí se puede bajar hacia Gran Tarajal siguiendo la antigua cuesta que comunicaba el interior con el puerto, un camino que usaban arrieros y pescadores. También es habitual caminar por los alrededores de la Caldera de Gairía o por la zona de antiguos molinos de viento cerca de Tiscamanita; en todos estos recorridos hay poca sombra y el terreno suele ser pedregoso.
Gran Tarajal actúa como centro costero del municipio. El paseo junto a la playa concentra la vida diaria del lugar. Desde allí sale la carretera que sube hasta el Faro de La Entallada, colocado sobre un acantilado alto. En días despejados el horizonte africano queda relativamente cerca, apenas separado por un tramo largo de Atlántico y, casi siempre, por el mismo viento constante que define todo este territorio.