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sobre Villa de Mazo
Municipio artesano famoso por sus alfombras de Corpus y el vino; alberga el aeropuerto y yacimientos arqueológicos
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Villa de Mazo ocupa la vertiente oriental de La Palma, una franja de terreno que desciende desde las medianías hasta el mar en una sucesión de coladas volcánicas, huertas y viñas. El municipio se reparte en muchos barrios dispersos; el núcleo administrativo, conocido simplemente como El Pueblo, se organiza alrededor de la parroquia y de la plaza. Desde ahí la mirada siempre acaba yendo hacia el este, al Atlántico.
La relación con el mar no ha sido tranquila. En distintos momentos del siglo XX los temporales dañaron seriamente la costa y las pequeñas zonas de cultivo cercanas al litoral. Aun así, el paisaje mantiene esa mezcla muy palmera de obstinación agrícola y terreno volcánico: muros de piedra seca, viñas bajas protegidas del viento y caminos que bajan hacia los acantilados.
El este agrícola de La Palma
La posición de Villa de Mazo, abierta al sur y relativamente resguardada de los alisios más fuertes, explica parte de su historia. Tras la conquista castellana de la isla a finales del siglo XV, esta vertiente fue una de las primeras en organizarse en torno a haciendas agrícolas. Con el tiempo, las viñas ocuparon buena parte de las laderas.
Si vienes desde el norte de la isla, donde el pinar y la humedad dominan el paisaje, el cambio se nota rápido: aquí aparecen los bancales volcánicos y los suelos rojizos donde prosperan variedades de uva que llevan siglos cultivándose en La Palma, entre ellas la malvasía.
La parroquia de San Blas es el edificio que ordena el casco. El templo actual es resultado de ampliaciones y reformas realizadas a lo largo de varios siglos, algo habitual en las iglesias palmeras. En el interior se conservan retablos y piezas de imaginería que hablan de la importancia que tuvo este lugar dentro de la red parroquial del este de la isla.
A poca distancia se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más conocidos de La Palma: Belmaco, donde se documentaron algunas de las primeras cuevas con grabados de los antiguos habitantes de la isla, los benahoaritas. La visita ayuda a entender que estas laderas estaban ocupadas mucho antes de la llegada europea.
Casas que regresan de América
Como en otros puntos de Canarias, la emigración a América dejó huella en la arquitectura local. A comienzos del siglo XX algunos vecinos que regresaron de Cuba o Venezuela levantaron casas más amplias, con galerías exteriores y colores poco habituales en la arquitectura tradicional de la isla.
Entre esos edificios está la conocida Casa Roja, construida por un emigrante retornado y hoy utilizada como espacio expositivo dedicado, entre otras cosas, a las fiestas del Corpus Christi. El edificio, con sus carpinterías pintadas y su aire caribeño, rompe bastante con las casas rurales de alrededor y recuerda hasta qué punto la historia de La Palma está ligada a los viajes de ida y vuelta con América.
En esa misma zona se concentran varios edificios públicos levantados en las primeras décadas del siglo XX, cuando el municipio consolidó su papel administrativo dentro del este de la isla.
Molinos, grabados y paisaje volcánico
En las medianías de Mazo todavía se conservan algunos molinos de viento vinculados a la molienda de cereal para gofio. Algunos han sido restaurados y permiten entender cómo funcionaba esta pequeña industria doméstica, muy extendida en Canarias hasta bien entrado el siglo pasado.
El entorno de Belmaco, con sus cuevas volcánicas y los grabados rupestres, es otro punto relevante. Los motivos —espirales, círculos y combinaciones geométricas— se repiten en otros yacimientos de La Palma y suelen interpretarse como parte del mundo simbólico de los benahoaritas. El centro de interpretación explica el hallazgo y el contexto arqueológico del lugar.
Viñas y fiestas del Corpus
La viticultura sigue teniendo presencia en el municipio. Las viñas aparecen sobre todo en las zonas medias, plantadas en suelos volcánicos donde la humedad nocturna ayuda a compensar la escasez de lluvia. Los vinos elaborados en la zona forman parte de la denominación de origen insular.
Uno de los momentos más conocidos del calendario local es el Corpus Christi. Durante días, vecinos de distintos barrios preparan trajes bordados y alfombras hechas con flores y materiales vegetales que cubren las calles del casco. Es una tradición antigua en el municipio y moviliza a buena parte de la población.
Cómo moverse por el municipio
El casco de El Pueblo se recorre a pie en poco tiempo. Desde la plaza salen calles cortas que concentran los edificios administrativos, la parroquia y algunas casas antiguas.
Villa de Mazo queda muy cerca del aeropuerto de La Palma y se alcanza por carretera en pocos minutos. El municipio también forma parte del trazado del GR‑130, el sendero que rodea la isla siguiendo antiguos caminos tradicionales. Varias rutas locales conectan el casco con barrios de medianías y con algunos tramos de costa volcánica.
Si te interesa la arquitectura religiosa rural, merece la pena acercarse a algunas ermitas dispersas por los barrios del municipio. Muchas solo se abren durante celebraciones o misa, algo bastante habitual en los pueblos de la isla. Cuando están cerradas, lo normal es que algún vecino cercano tenga la llave o sepa cuándo vuelven a abrir. Aquí esas cosas todavía funcionan así.