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Cantabria

Cuevas prehistóricas, valles pasiegos y playas salvajes. Cantabria lo tiene todo.

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Cantabria: del Cantábrico a los collados de Campoo

Altamira y el arte bajo tierra

La cueva de Altamira, sellada al público desde 2002 para frenar el deterioro, contiene bisontes polícromos pintados hace unos 36.000 años. Pero no es la única: El Castillo (Puente Viesgo) guarda las improntas de manos más antiguas de Europa, datadas en 40.800 años. Cantabria suma diez cuevas con arte rupestre incluidas en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2008.

Valles interiores: Liébana, Saja-Nansa, Pas

El valle de Liébana, rodeado por montañas de más de 2.000 metros, genera un microclima que permite cultivar vid en laderas a 400 m de altitud — de ahí el orujo con DOP. El Saja-Nansa, con 24.500 hectáreas de bosque atlántico, mantiene la mayor población de ciervos del norte peninsular. En los valles pasiegos (Pas, Pisueña, Miera), las cabañas de piedra salpican laderas donde aún se practica la trasterminancia: ganaderos que suben y bajan el ganado según la estación, sin salir del mismo valle.

Santillana, Comillas y el legado indiano

Santillana del Mar alinea casonas de sillería del siglo XIV al XVIII a lo largo de una calle sin salida. A 16 km, Comillas reúne tres edificios modernistas encargados por el primer Marqués de Comillas: El Capricho de Gaudí (1885), el Palacio de Sobrellano y la Universidad Pontificia. Por toda la costa, las casonas de indianos — emigrantes retornados de América — marcan los núcleos de Castro Urdiales, Laredo y Santoña con fachadas de colores, galerías acristaladas y palmeras importadas.