Artículo completo
sobre San Felices de Buelna
Estela cántabra guerrera
Ocultar artículo Leer artículo completo
San Felices de Buelna está a un lado de la carretera que cruza el valle del Besaya. Se llega fácil y aparcar no suele ser problema, sobre todo cerca del ayuntamiento o en las calles alrededor. El pueblo es pequeño y se recorre andando sin pensar mucho el itinerario.
Nada más bajar del coche es probable que notes olor a establo. Literal. Heno, ganado, prados húmedos. En esta parte del valle sigue habiendo muchas cuadras y eso forma parte del paisaje.
Uno de los primeros carteles que verás apunta a la cueva de Hornos de la Peña. Patrimonio Mundial. La comparación con Altamira aparece en muchos sitios, aunque aquí el ambiente es bastante más tranquilo.
La cueva de Hornos de la Peña
La cueva está a unos cinco minutos en coche desde el núcleo del pueblo. Hay que subir por una carretera estrecha que se mete en el monte. No parece que vaya a ningún sitio, pero acaba llegando.
Arriba hay un aparcamiento amplio y un pequeño acceso a la cueva. Las visitas suelen ser guiadas y en grupos reducidos. Conviene mirarlo antes porque no siempre hay pases todos los días.
Dentro se conservan grabados prehistóricos de bisontes, caballos y otras figuras que rondan los 15.000 años de antigüedad. No es una cueva gigantesca ni un espectáculo de luces. Es más bien un sitio silencioso donde alguien te explica qué estás mirando y por qué es importante.
Si te interesa el arte rupestre, merece la parada. Si no, probablemente te sabrá a poco.
El pueblo: una iglesia y poco más
De vuelta en San Felices, el paseo es rápido. La iglesia de San Félix, que suele fecharse en el siglo XVII, es la típica construcción de piedra que ves en muchos pueblos de Cantabria. Correcta, sin grandes sorpresas.
Algo más curioso es la torre de Pero Niño, en el barrio de Llano. Hoy quedan restos de una torre medieval vinculada a un personaje histórico bastante conocido en su época. No es un castillo ni un conjunto monumental; son ruinas que ayudan a imaginar cómo se organizaba el valle hace siglos.
También se menciona a veces la calzada romana del monte Fresneda. En la práctica es un tramo de piedras en medio del monte. Tiene interés si te gusta caminar y sabes lo que estás viendo. Si esperas una vía romana espectacular, no lo es.
Comer algo en el pueblo
En la calle principal hay bares sencillos donde se puede parar a comer o tomar algo. Lo habitual: raciones, bocadillos, tortilla, cosas de toda la vida. Nada especialmente elaborado y precios bastante normales.
La quesada pasiega suele aparecer en los postres. Y sidra también hay, aunque aquí no se escancie como en Asturias.
¿Merece desviarse?
San Felices de Buelna tiene unos 2.300 habitantes y funciona como un pueblo normal del valle: servicios, talleres, gente que entra y sale a trabajar a otros municipios cercanos.
La cueva de Hornos de la Peña es lo que realmente justifica la visita. El resto se ve rápido.
Si vas hacia Los Corrales de Buelna o recorres el valle del Besaya, puedes parar una hora. Visitar la cueva si has reservado, dar una vuelta por el centro y seguir.
No es un pueblo de postal. Es un lugar donde vive gente, con prados alrededor y bastante tranquilidad.
Consejo: si vienes en verano al atardecer, trae repelente. En el fondo del valle los mosquitos suelen aparecer cuando cae el sol.