Artículo completo
sobre Campoo de Enmedio
Ciudad romana de Julióbriga
Ocultar artículo Leer artículo completo
El coche se detiene en un cruce tranquilo y, al otro lado de la cerca, varias vacas levantan la cabeza. La hierba está húmeda y el aire trae olor a leña de alguna chimenea temprana. Así suele empezar el turismo en Campoo de Enmedio: carreteras cortas entre pueblos, campanas que suenan a lo lejos y la sensación de que el valle se despereza despacio.
El anillo que rodea Reinosa
Hay un detalle geográfico que explica bien este municipio. Campoo de Enmedio rodea por completo a Reinosa, como un anillo irregular de pueblos dispersos entre prados. Son dieciséis núcleos repartidos por el valle. Matamorosa hace de capital administrativa, aunque el lugar se parece más a un cruce de carreteras con vida diaria que a un centro urbano.
Desde allí salen carreteras estrechas que conectan con pueblos cercanos. Igollo guarda una iglesia románica dedicada a Santa María. En Villaescusa, las cigüeñas suelen ocupar la torre cuando llega la primavera y levantan nidos grandes, visibles desde bastante lejos.
Conducir por estas carreteras obliga a bajar la velocidad. A veces aparece un tractor. O un rebaño cruzando despacio. En los prados pastan vacas de raza campurriana, blancas con manchas marrones. Es ganado criado aquí desde hace generaciones y todavía forma parte del paisaje cotidiano.
Entre los muros de Julióbriga
En Retortillo, sobre un pequeño alto, están los restos de Julióbriga. Fue la principal ciudad romana del territorio cántabro tras las guerras del siglo I a. C. Hoy lo que queda son muros bajos, trazas de calles y la planta de algunos edificios. Nada monumental. Más bien un lugar silencioso donde hay que imaginar.
La posición explica por qué se levantó aquí. Desde el cerro se abre todo el valle y aparece el embalse del Ebro al fondo. Cuando el viento se calma, el agua se queda lisa y refleja las montañas lejanas. En invierno es fácil ver aves acuáticas en las orillas; la zona está protegida por su importancia para las migraciones.
Conviene ir temprano o a última hora de la tarde. A mediodía apenas hay sombras y el sol cae directo sobre la piedra.
Cuando las mujeres recuperaron el Antruido
En Requejo se volvió a celebrar el Martes de Antruido a finales del siglo pasado, cuando un grupo de vecinas decidió recuperar la tradición. Durante años había desaparecido. Ahora vuelve cada invierno con pasacalles, panderetas y acordeones.
Las protagonistas siguen siendo las mujeres del pueblo. Caminan por las calles tocando y cantando, y después se comparte comida hecha en casa. Tortilla, chorizo, dulces fritos que pasan de mano en mano. No se parece a un festival organizado para visitantes; es más bien una costumbre que el propio pueblo se empeñó en mantener viva.
Una tarde de verano en Matamorosa
En agosto suele celebrarse el día grande del municipio en las Eras de Matamorosa. Al caer la tarde aparecen mesas largas, música y gente de los distintos pueblos que forman el término municipal.
Se prepara comida en grandes cantidades y no falta el té con orujo, una mezcla caliente que aquí se sirve desde hace años en las fiestas. Al anochecer se encienden farolillos y algunos puestos de artesanía muestran trabajos de madera, hierro o encaje que todavía se hacen en la zona.
La escena dura hasta bien entrada la noche, cuando el aire del valle empieza a enfriar y la gente se recoge poco a poco.
Cómo llegar y cuándo venir
La carretera N‑611 conecta Santander con la meseta y pasa por Reinosa. Desde ahí salen las vías locales que enlazan los pueblos de Campoo de Enmedio. El trazado es sencillo, aunque el móvil pierde cobertura en algunos tramos.
El final del verano suele ser un buen momento para recorrer la zona. Tras la siega los prados cambian de tono y el valle queda más despejado. En invierno conviene mirar la previsión del tiempo antes de subir hacia los puertos cercanos; cuando nieva, las carreteras pueden complicarse.
Campoo de Enmedio funciona a otro ritmo. Hay ganado en los márgenes de la carretera, humo de chimeneas en los pueblos y días de niebla que cubren el valle entero. Es un territorio vivido, no un decorado. Quien pase unos días aquí lo nota enseguida.