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sobre Hermandad de Campoo de Suso
Cuna del río Ebro y nieve
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A unos mil metros de altitud, en Campoo-Los Valles, la Hermandad de Campoo de Suso no es un solo pueblo: es un municipio formado por catorce localidades desperdigadas entre prados de siega, cabañas, arroyos y laderas. Con alrededor de 1.600 habitantes, mantiene una vida rural de montaña muy reconocible: aldeas pequeñas, arquitectura montañesa y caminos que todavía delatan el peso de la ganadería en el valle.
En muchas casas mandan la piedra y la madera, con balconadas y solanas. Asoman también casonas con escudos en la fachada, recuerdos de otras épocas. Y, para un territorio tan disperso, sorprende la cantidad de románico: se disfruta mejor sin prisas y con el coche como aliado entre núcleos.
Qué ver
La Colegiata de San Pedro de Cervatos concentra buena parte de las miradas por la escultura exterior y sus canecillos, incluidos los conocidos motivos eróticos que suelen pillar desprevenido.
En Villacantid, la iglesia de Santa Juliana mantiene un románico sobrio y proporcionado. En Suano, San Cipriano conserva elementos originales que agradecen una parada tranquila.
Entre pueblos como Proaño o Naveda, merece la pena pasear con calma y fijarse en las casonas montañesas (siglos XVII-XVIII) y en cómo el caserío se apoya en el paisaje.
Qué hacer
Hay paseos sencillos entre aldeas y rutas con más desnivel hacia puertos y cumbres cercanas. En invierno, si cuaja la nieve, apetece caminar, pero conviene ir con buen equipo y cabeza. Para fotografía, la primera y la última luz sacan textura a la piedra y a los prados.
En la mesa, tira lo de montaña: carne de vaca tudanca, quesos y cocina tradicional de la comarca.
Si solo tienes 2 horas
- Cervatos: vuelta a la colegiata para ver la escultura exterior con tiempo.
- Salto corto a Suano o Villacantid (según te pille de paso) para redondear la visita románica.
- Remate rápido en Proaño o Naveda: un paseo por el núcleo y sus balconadas, sin complicarte.
Errores típicos
- Querer “verlo todo” en una mañana: las distancias entre localidades parecen pequeñas, pero las carreteras locales entretienen.
- Ir en invierno sin mirar la previsión: el frío, el hielo y la niebla pueden cambiar el plan.
- Pasar de largo por los pueblos “menores”: a veces lo mejor está en un paseo corto y sin mapa.