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sobre Reinosa
Capital de Campoo y nieve
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El tren llega a Reinosa y enseguida se entiende dónde está uno. Un valle amplio, praderas húmedas y montañas alrededor que cierran el horizonte. El turismo en Reinosa suele empezar con esa sensación de cruce de caminos: Cantabria por administración, pero con una relación muy antigua con la meseta castellana. El Ebro aún es un río joven aquí. Nace a pocos kilómetros, en Fontibre, y atraviesa la localidad antes de iniciar su recorrido hacia el Mediterráneo.
Reinosa funciona como capital de Campoo‑Los Valles. No es grande, pero concentra servicios, comercio y vida administrativa de la comarca. Esa condición explica muchas cosas: el tamaño de su plaza, el teatro, las calles con soportales pensadas para el tránsito diario más que para el paseo.
Un valle que fue frontera
La documentación medieval menciona Reinosa ya en el siglo XI. Era un punto sensible en la frontera interior entre territorios que cambiaban de manos con frecuencia. El control del paso hacia la meseta tenía valor estratégico, y el asentamiento creció en torno a esa función.
La iglesia de San Sebastián refleja bien esa evolución. El origen es románico, aunque el edificio actual mezcla etapas posteriores. Reformas barrocas y añadidos más tardíos fueron transformando el conjunto. Desde el entorno de la iglesia se entiende la lógica del lugar: el valle se abre hacia el sur y el río marca el eje natural del territorio.
A la entrada del casco urbano hay un puente de piedra ligado al antiguo Camino Real entre la meseta y el puerto de Santander. Durante siglos fue una vía fundamental para mercancías y ganado. Hoy sigue siendo un paso muy reconocible del paisaje urbano.
El Ebro antes del Ebro
A pocos minutos está Fontibre, donde tradicionalmente se sitúa el nacimiento del Ebro. Es un manantial que brota entre rocas calizas y forma un pequeño estanque antes de iniciar el curso del río. El lugar es sencillo y bastante tranquilo fuera de los fines de semana.
Aguas abajo aparece el embalse del Ebro, construido a mediados del siglo XX. Su presencia cambió el paisaje de Campoo. Donde antes había pueblos y praderas quedaron zonas anegadas y una gran lámina de agua que hoy domina la vista desde varios puntos de la comarca. En días claros, cuando baja la niebla, se ven las montañas reflejadas en la superficie del pantano.
La ciudad que no espera al visitante
Reinosa mantiene una estructura urbana muy ligada a su función comercial histórica. La calle Mayor conserva soportales que protegen de la lluvia y de la nieve, algo útil en una zona donde el invierno se hace notar.
El Teatro Principal recuerda el momento en que la localidad crecía con la llegada del ferrocarril y la actividad industrial. Sigue teniendo programación cultural y forma parte de la vida cotidiana del municipio.
La plaza de España concentra buena parte de ese pulso local. Allí está el ayuntamiento y también un pequeño quiosco de música. En uno de los lados se conserva un cañón antiguo que la tradición vincula a la guerra contra las tropas napoleónicas. Más allá de la anécdota, la plaza funciona como punto de encuentro habitual.
Fiestas donde la montaña se viste de alpino
A finales de septiembre llegan las fiestas de San Mateo. Durante esos días la localidad cambia de ritmo. Hay encierros, verbenas y procesiones que recorren las calles del centro. La participación es muy vecinal y la gente de los pueblos cercanos suele acercarse.
En esas mismas fechas se celebra también el Día de Campoo. Es un desfile con trajes tradicionales de la comarca: albarcas de madera, lana gruesa, prendas pensadas para el clima de montaña. El origen moderno de la celebración es conocido, pero con el tiempo ha terminado formando parte del calendario local.
Poco después suele celebrarse la feria de ganado. Durante ese fin de semana el movimiento de reses y ganaderos recuerda el peso que sigue teniendo la actividad ganadera en toda la comarca.
Senderos que empiezan en la estación
Desde Reinosa salen varios caminos fáciles de seguir si se quiere caminar por la vega del Ebro. El terreno es llano durante los primeros kilómetros y atraviesa prados donde todavía se ve ganado pastando.
Uno de los itinerarios más conocidos de la zona conecta con tramos de la antigua calzada romana asociada a los blendios, el pueblo cántabro que ocupaba este territorio antes de la romanización. En algunos puntos aún se distinguen alineaciones de piedra que recuerdan ese trazado antiguo.
También es frecuente acercarse a pequeños pueblos del entorno. Algunos mantienen la estructura rural tradicional; otros quedaron muy reducidos durante el éxodo rural del siglo XX. Pasear por esos lugares ayuda a entender cómo ha cambiado la vida en Campoo en pocas décadas.
Cocido campurriano y pantortilla
El clima de Campoo siempre ha pedido cocina contundente. El cocido montañés aparece en muchas mesas durante el invierno, con alubias blancas, berza y productos de la matanza. Es un plato pensado para jornadas largas y frías.
En la repostería local suele mencionarse la pantortilla, un dulce sencillo ligado a celebraciones familiares y ferias. No es sofisticado. Como muchas recetas de la zona, nace de ingredientes básicos y de una tradición doméstica que se ha mantenido con el tiempo.
Reinosa se recorre caminando sin dificultad. El centro es compacto. Si se quiere entender mejor el territorio, conviene salir después hacia Fontibre o rodear el embalse. Ahí aparece el paisaje que explica la historia de la comarca.