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sobre Val de San Vicente
Acantilados espectaculares
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Entre el verde intenso de los prados cántabros y el azul del Cantábrico, Val de San Vicente es un puñado de aldeas donde la vida rural sigue marcando el ritmo. A poca altitud y en plena Costa Occidental, funciona bien si apetece campo, paseos cortos y, a la vez, tener la costa a mano.
Con algo más de dos mil vecinos repartidos en varios núcleos, aquí manda el paisaje: praderías, setos, bosques de robles y castaños y caminos que cosen pueblos casi sin darse cuenta. En lo construido aparecen casonas montañesas, casas de piedra y balconadas de madera; nada grandilocuente, pero sí muy reconocible si se recorre con calma.
Qué ver
- Iglesia de Santa María de Serdio: templo sobrio, con elementos románicos, agradecido por su sencillez y por cómo encaja en el entorno.
- Pesués: paseo corto por el núcleo, con iglesia parroquial y algunas casonas con escudos que recuerdan el pasado hidalgo de la zona.
- Paisaje rural: más que un “sitio”, es el conjunto. Desde varios altos y claros se abren vistas hacia el sur, con los Picos de Europa cuando el día está limpio.
Qué hacer
- Senderismo tranquilo entre aldeas: rutas suaves por prados, arroyos y pistas locales (mejor con calzado que aguante barro si ha llovido).
- Escapada a la costa: en pocos minutos en coche se llega a San Vicente de la Barquera y a sus playas, útil si apetece alternar campo y mar.
- Gastronomía de temporada: productos de vacuno, quesos, miel y huerta; cocina de cuchara cuando refresca.
Fiestas y tradiciones
En verano se concentran fiestas en los distintos pueblos, con misa, procesión, verbena y bolos. También se mantienen las hogueras de San Juan a finales de junio. La festividad de San Vicente Márir se celebra en enero, aunque el tiempo suele empujar la vida de calle hacia los meses templados.
Mejor época
- Primavera y principios de otoño: el valle está verde, hay luz suave y se camina a gusto.
- Verano: más ambiente en los pueblos y más movimiento en la costa cercana; conviene madrugar si se quiere tranquilidad.
- Invierno: días cortos y húmedos; para paseos breves, mejor llevar un plan alternativo bajo techo.
Errores típicos
- Contar con “día de playa” sin plan B: aquí el tiempo cambia rápido.
- Ir con calzado urbano tras lluvia: los caminos rurales se embarran con facilidad.
- Pasar solo de camino hacia la costa o los Picos: se disfruta más si se reserva, aunque sea, una mañana para recorrerlo sin prisas.