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sobre Valdáliga
Costa occidental salvaje
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En la Costa Occidental de Cantabria, Valdáliga es un municipio de valles verdes, pueblos dispersos y carreteras pequeñas donde todavía manda el ritmo rural. Con algo más de 2.000 habitantes repartidos en once núcleos, se recorre sin prisas: prados de siega, bosques atlánticos y arroyos que bajan hacia la costa.
Los pueblos —Labarces, Roiz, Lamedo, Treceño y otros— conservan buena parte de la arquitectura montañesa: casonas de piedra, corredores de madera y balconadas con flores. Aquí el atractivo está en lo cotidiano: caminar entre fincas, escuchar el ganado a lo lejos y asomarse a las lomas desde las que se intuye el mar. Y cuando apetece playa, Comillas o San Vicente de la Barquera quedan a un salto en coche.
Qué ver en Valdáliga
El patrimonio está repartido, así que conviene ir enlazando aldeas. La iglesia parroquial de San Martín de Roiz reúne elementos de origen románico y encaja bien en el caserío tradicional de alrededor. En Lamedo, la iglesia de Santa María completa el recorrido por templos de raíz medieval.
Entre núcleos aparecen casonas montañesas de los siglos XVII y XVIII, algunas con blasones. Un paseo por Labarces o Treceño ayuda a leer el paisaje: casas, prados y setos, todo a escala humana.
Qué hacer
Hay muchos caminos rurales que conectan barrios y pueblos; funcionan bien para rutas circulares sencillas o paseos cortos, atravesando praderías y zonas de arbolado. Para bicicleta, las carreteras secundarias suelen tener poco tráfico, aunque conviene contar con repechos y firme variable.
En la mesa, lo habitual es tirar de producto cántabro (quesos, vacuno, miel, conservas caseras), y completar con una escapada a los municipios vecinos si se busca más oferta.
Si solo tienes 2 horas
- Pasea por Roiz y acércate por fuera a la iglesia de San Martín.
- Enlaza en coche a Lamedo para ver la iglesia de Santa María.
- Remata con un paseo corto por algún camino entre prados (sin meterse en fincas cerradas).
Errores típicos
- Confiarse con el tiempo: aquí cambia rápido; lleva una capa o chubasquero.
- Dejar el coche “un momento” en accesos a fincas o entradas estrechas: se usan a diario.
- Meterse en caminos rurales con el coche: mejor aparcar y seguir a pie.