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sobre El Astillero
Villa marinera con tradición naval
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A las cuatro de la tarde, el sonido del metal todavía se cuela entre las naves del polígono. Golpes secos, cadenas arrastrándose. El Astillero suena a hierro y agua salada, un ruido de fondo que ha marcado el ritmo del día durante generaciones.
Quien busca turismo en El Astillero encuentra esa mezcla: barrio obrero pegado a la ría, memoria industrial y, a pocos pasos, marismas donde apenas se oye nada.
El olor a ría en Guarnizo
En Guarnizo el aire cambia según la marea. Con bajamar huele a algas y barro oscuro; con pleamar la ría se vuelve una lámina gris plateada que refleja el cielo.
Aquí estuvo uno de los astilleros históricos de la bahía. Se construyeron barcos en esta orilla resguardada, con madera de los montes cercanos. Hoy quedan diques y explanadas donde el hierro domina el paisaje.
Si subes hacia la iglesia de Nuestra Señora de Muslera, la perspectiva cambia. Desde allí se ve la ría doblando hacia el interior y las casas escalonadas en la ladera. A ciertas horas la luz entra de lado y todo queda teñido de un tono naranja apagado, mientras abajo pasan camiones hacia los talleres.
Pasear entre marismas
A pocos minutos del centro empiezan las marismas de la ría de Solía. El sendero bordea el agua entre carrizos y canales donde la marea entra y sale dos veces al día.
Cuando el nivel baja, el barro queda al descubierto. Aparecen bandadas de aves: garzas, limícolas pequeñas, a veces cormoranes secándose con las alas abiertas. No hace falta caminar mucho para ver cómo el mar recupera terreno cada pocas horas.
Lleva calzado que no resbale si el día está húmedo. Después de lluvia, el camino puede ponerse blando en algunos puntos.
Sabores de barra y cocina de casa
A media mañana, en muchos bares, se ve gente tomando algo rápido antes de volver al trabajo. En esa franja aparece a veces la soba: pan tostado, manteca y azúcar. No es algo que se anuncie en carteles; simplemente está ahí algunos días.
En las casas y en los menús del día mandan platos reconocibles de Cantabria: cocido montañés, guisos de alubia, pescado de la costa cuando lo hay. Y de postre, quesada o sobaos que llegan de los valles pasiegos.
En Guarnizo nació Paco Gento. Su nombre aparece a menudo en conversaciones de bar cuando el tema deriva hacia el fútbol.
Fiestas y días de ría llena
En verano la ría se anima con actividades ligadas al remo. En torno a la Virgen de Muslera hay movimiento: traineras entrenando, gente siguiendo las regatas desde los márgenes.
También se celebran las fiestas de San José, muy ligadas a la identidad del pueblo. Esos días las calles se llenan más y aparecen pasacalles y fuegos artificiales por la noche.
Si prefieres ver El Astillero sin aglomeraciones, es mejor acercarse fuera de esas fechas.
Llegar y elegir bien el momento
El Astillero está a pocos kilómetros de Santander. Se llega rápido en tren de cercanías o por carretera siguiendo la bahía hacia el interior.
Un buen momento para pasear por la ría suele ser finales de primavera o comienzos de verano, cuando los días ya son largos. A primera hora de la mañana o al caer la tarde hay menos tráfico, más silencio en las marismas.
En agosto el municipio se llena bastante, sobre todo los fines de semana. Si vienes entonces, madruga y acércate a la ría cuando aún hay poca gente y la marea está subiendo despacio. Ahí El Astillero vuelve a sonar a agua y metal, como casi siempre ha sido.