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sobre Cabezón de Liébana
Rincón escondido de Liébana
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En pleno valle de Liébana, a 363 metros de altitud, Cabezón de Liébana es de esos sitios donde el paisaje marca el ritmo. Con alrededor de 600 vecinos, el municipio se reparte entre valle y ladera: prados, manchas de bosque y la montaña siempre cerca. Se viene a caminar, a mirar con calma y a entender cómo encajan aquí las casas, las huertas y los caminos.
Qué ver
El casco conserva bien la arquitectura popular lebaniega: piedra y madera, balconadas, tejados de losa y alguna casona con escudo que recuerda otras épocas. La iglesia parroquial de San Esteban preside el conjunto; es sobria y, como tantas en la comarca, ha pasado por reformas.
Fuera del núcleo, lo mejor es el entorno: caminos entre robles y hayas, cambios de luz constantes y vistas hacia el valle del Deva y las montañas cercanas. En otoño, el bosque se lleva gran parte del protagonismo.
Qué hacer
Lo más agradecido es salir a pie. Hay sendas que atraviesan prados de siega y zonas de arbolado, y otras que enlazan con aldeas y barrios dispersos: recorridos tranquilos, sin necesidad de buscar cumbres si no apetece.
En la mesa, lo habitual de Liébana funciona: cocido lebaniego, carne de la zona, queso Picón Bejes-Tresviso y, si cuadra, un orujo lebaniego.
Fiestas y tradiciones
San Esteban se celebra el 26 de diciembre, aunque a menudo parte de los actos se trasladan al verano para facilitar que vuelva la gente que vive fuera. En agosto suelen concentrarse celebraciones con misa, procesión, baile y comidas vecinales.
Si solo tienes 2 horas
Date una vuelta sin prisa por el casco para fijarte en las casas tradicionales (balcones, portaladas, escudos) y acércate a la iglesia. Después, toma un camino que salga del pueblo hacia prados y arbolado: con poco desnivel ya se ganan buenas vistas del valle.
Errores típicos
Venir con prisa y quedarse solo en el casco: aquí compensa caminar un rato. Y salir sin capas: incluso en verano, en cuanto te metes en sombra o cambia el tiempo, refresca.