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sobre Camaleño
Puerta de los Picos de Europa
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La primera vez que pasé por Camaleño pensé algo muy simple: aquí el paisaje manda y los pueblos se adaptan como pueden. No hay un centro único ni una plaza donde empiece todo. Camaleño es más bien un puñado de núcleos repartidos por el valle de Liébana, con prados entre medias y los Picos de Europa siempre al fondo, como cuando conduces con una montaña delante y parece que nunca te acercas del todo.
Si vienes buscando un casco histórico compacto, tipo paseo de una hora y listo, te puede desconcertar. Aquí lo normal es moverse de un pueblo a otro, aparcar, caminar un rato y seguir.
Mogrovejo y la sensación de haber retrocedido un rato
Mogrovejo suele ser la primera parada en Camaleño. Es pequeño, de esos lugares donde en diez minutos ya sabes por dónde has pasado… pero aun así apetece quedarse un poco más.
Las casas de piedra con balconadas de madera están bastante bien conservadas y la torre medieval aparece de repente entre los tejados, como si alguien la hubiese colocado allí para recordar que este valle tuvo importancia hace siglos. No hay grandes recorridos ni monumentos que obliguen a sacar el mapa. Lo normal es simplemente caminar despacio, asomarte a los bordes del pueblo y mirar el valle.
Cuando cae la tarde se entiende mejor el sitio. La luz baja por las laderas y el pueblo se queda en silencio rápido, como pasa en muchos pueblos pequeños de montaña.
Fuente Dé: cuando la montaña cambia la escala
En el mismo municipio está Fuente Dé, uno de los accesos más conocidos a los Picos de Europa. El teleférico sube desde el fondo del valle hasta una zona alta del macizo en pocos minutos, y el contraste es fuerte.
Abajo ves prados y bosques. Arriba aparece un paisaje mucho más áspero: roca, viento y senderos que se pierden entre las lomas. La sensación es un poco como abrir una puerta y pasar de una habitación tranquila a otra mucho más salvaje.
En verano suele concentrarse bastante gente a determinadas horas. Si puedes elegir, lo mejor es subir temprano o a última hora del día. Y conviene llevar algo de abrigo incluso cuando abajo hace calor; en altura el tiempo cambia rápido.
Caminatas entre pueblos y prados
Moverse caminando por esta parte de Camaleño tiene bastante sentido. Desde Fuente Dé salen rutas hacia Áliva y otras zonas altas del macizo central, aunque no son paseos ligeros. Los desniveles se notan y el terreno exige ir preparado.
Si prefieres algo más tranquilo, los caminos que conectan pueblos como Espinama o Cosgaya funcionan bien para pasear sin grandes complicaciones. Son trayectos de prados abiertos, ganado pastando y ese silencio que solo se rompe cuando pasa un coche muy de vez en cuando.
A veces se menciona la Ruta del Cares como si estuviera al lado y bastara con aparecer por aquí. En realidad requiere organizar bien accesos y tiempos, sobre todo en verano. Conviene mirarlo con calma antes de intentar encajarlo en el mismo día.
La comida de la zona sigue la lógica de la montaña: platos contundentes, guisos calientes y productos de ganado local. Después de caminar un buen rato por estos senderos se entiende rápido por qué las raciones suelen ser generosas.
Tradiciones que siguen marcando el ritmo
En los pueblos del municipio todavía se nota que el calendario ha estado ligado durante mucho tiempo al ganado y al trabajo en el campo. Subir a los puertos en verano y volver al valle cuando llega el frío sigue siendo una referencia que aparece en conversaciones y celebraciones.
En Espinama, por ejemplo, suele celebrarse la Virgen de las Nieves a comienzos de agosto. Si coincides por esas fechas puede que encuentres ambiente de fiesta en el pueblo. Y si llegas unos días antes o después, probablemente veas los preparativos o los restos tranquilos de la celebración.
Si solo tienes un rato en Camaleño
Con poco tiempo yo haría algo sencillo. Entrar en Mogrovejo, caminar sin prisa por el pueblo y asomarme hacia el valle para entender dónde estás. Después acercarse a Fuente Dé, aunque sea solo para ver el circo glaciar desde abajo si el día está cerrado arriba.
Hay que tener en cuenta que moverse por el municipio lleva más tiempo del que parece en el mapa. Las carreteras tienen curvas, los pueblos están separados y siempre acabas parando a mirar el paisaje.
Y un último detalle práctico: incluso en verano conviene llevar una chaqueta ligera y algo de agua. En la montaña el tiempo cambia rápido. Aparcar también requiere un poco de cabeza; en los núcleos pequeños es mejor dejar el coche a las afueras y entrar andando. Aquí las calles no se pensaron para mucho tráfico.
Si vienes entre finales de primavera y principios de otoño encontrarás el valle muy verde y los caminos más agradecidos. El resto del año Camaleño sigue ahí, claro, pero el clima manda bastante más de lo que muchos imaginan cuando miran el mapa desde casa.