Artículo completo
sobre Los Corrales de Buelna
Corazón industrial del Besaya
Ocultar artículo Leer artículo completo
Los Corrales de Buelna es como ese compañero de trabajo que no destaca en las fotos del grupo. Pero resulta ser el único que sabe arreglar la impresora. No es Cóbreces ni Potes. No tiene playa ni picos de postal. Pero aquí se celebran las Guerras Cántabras con más de 1.800 personas disfrazadas. Y el escudo de Cantabria entero sale de un par de piedras que descubrieron en un campo de Barros.
El pueblo que vendría a ser la capital del Besaya sin pedirlo
El truco está en bajarte del coche o del tren. Entiende que esto no es un pueblo para “ver”. Es un pueblo para “usar”. El casco viejo es corto. Tres calles paralelas al río, casas de piedra con balcones de madera y el palacio de los Condes de Mansilla.
La plaza de España funciona como salón común. Bancos, árboles y el quiosco de música. En los bares se habla más de fútbol que de romanos. Pero si preguntas por las estelas te las explican como si fueran primos lejanos.
Cocido, urogallos y un casino que se quedó sin ruleta
Para comer aquí no hay mucho misterio. Si huele a humo y a judía, probablemente haya cocido montañés. Plato hondo, cuchara y pan.
Si te sobra tiempo, acércate al balneario de Las Caldas. El edificio es del siglo XIX. El agua caliente lleva saliendo desde mucho antes que la electricidad. Hoy funciona como spa, bastante tranquilo entre semana.
¿Te gusta andar? Coge el coche y sube hacia la Reserva del Saja. En unos veinte minutos cambia el paisaje: menos casas, más bosque. Es uno de esos sitios donde el móvil pierde cobertura.
Fuego, barro y 1.800 romanos con la cara pintada
Si puedes elegir fecha, intenta coincidir con las Guerras Cántabras (finales de agosto). El pueblo se llena hasta arriba.
Es teatro callejero a gran escala. Tribus, legiones, fuego y mucha gente preparando el traje en casa.
Un consejo práctico: el desfile del sábado es el momento más animado.
Dos piedras famosas y un señor que se inventó una industria
Barros está pegado al núcleo principal. Allí aparecieron las Estelas del escudo regional.
Si te interesa la parte antigua, sube hacia zonas altas como Sejos. Arriba cambia la escala: praderas abiertas y viento.
En el pueblo está la casa de José María Quijano. Un caserón grande con dos capillas peculiares.
Cosas que conviene saber antes
Durante las Guerras Cántabras todo cambia. Comer a tu hora puede complicarse. El balneario suele cerrar los lunes. El agua del río en Las Caldas está fría incluso en verano. Con el coche mejor no empeñarse en meterlo en el centro. Aparca fuera y entra caminando.
Los Corrales no te dejará con la boca abierta a los cinco minutos. Funciona distinto. Es un pueblo vivido. Vas, comes bien, das un paseo… Y cuando te marchas entiendes mejor cómo late el Besaya