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sobre Selaya
Cuna del sobao pasiego
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En el corazón de los Valles Pasiegos, Selaya conserva ese aire de valle que se entiende caminando: prados muy verdes, muros de piedra, cabañas dispersas y una vida tranquila alrededor de la plaza. Con unos 2.000 habitantes, encaja bien como parada para pasear sin prisa y ponerle cara a la cultura pasiega más cotidiana.
La fama llega por los sobaos y las quesadas, pero el pueblo también se lee en sus casonas montañesas y en el paisaje que empieza en cuanto te sales dos calles: lomas suaves, prados cerrados y cabañas pasiegas marcando el terreno.
Qué ver
El Palacio de Donadío domina la zona más céntrica. Es un edificio barroco del siglo XVII (BIC) y, aunque es privado, merece la pena fijarse en la fachada, la sillería y el escudo.
La Iglesia de San Andrés (con origen en el siglo XVI y reformas posteriores) sirve de referencia: su torre se ve desde varios puntos. Alrededor, el paseo se completa con casonas de los siglos XVII y XVIII y detalles típicos de arquitectura montañesa.
Para ver cabañas pasiegas, no hace falta irse lejos: cualquier camino rural cercano te mete rápido en el mosaico de prados.
Qué hacer
- Pasear por caminos del entorno y asomarte a las laderas para entender el paisaje pasiego.
- Comprar repostería local en obradores artesanos (según el día, se ve trabajo en marcha).
- Enlazar una ruta en coche por la comarca y parar cuando el valle se abra.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta tranquila por el centro: Palacio de Donadío por fuera + Iglesia de San Andrés.
- Sal un poco por un camino rural cercano para ver cabañas pasiegas y prados cerrados por piedra.
- Remata con una compra de sobaos o quesada para el viaje.
Errores típicos
- Querer “hacer” Selaya en 20 minutos: pide más paseo que lista de sitios.
- Meter prisas al coche por carreteras estrechas y con curvas; mejor conducir suave y parar donde el paisaje lo pida.
- Aparcar donde estorba en el centro: en pueblos pequeños se nota enseguida.