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sobre Polaciones
Valle remoto y salvaje
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Llegar a Polaciones tiene algo de final de carretera. Vas encadenando curvas, el valle se va cerrando, y en algún momento te preguntas si de verdad vive gente aquí todo el año. Luego aparece una casa, después otra, y entiendes que sí: este municipio pequeño de la comarca Saja‑Nansa sigue funcionando a su manera, bastante al margen del ruido turístico.
Polaciones es un mosaico de pueblos muy pequeños repartidos por el valle alto del río Nansa. En todo el municipio apenas viven algo más de doscientas personas. Eso ya te da una pista del ambiente: prados abiertos, ganado moviéndose despacio y carreteras que obligan a levantar el pie del acelerador. Si vienes con prisa, el lugar se te escapa. Aquí todo sucede a otro ritmo.
El territorio mezcla praderas de pasto con manchas de bosque atlántico donde aparecen hayas y robles. El Parque Natural Saja‑Besaya queda más hacia el este, pero el paisaje tiene ese mismo aire húmedo del interior de Cantabria: niebla baja algunas mañanas, agua corriendo por todas partes y montañas que cierran el horizonte.
Pueblos y detalles para mirar
Lombraña, Tresabuela, La Lomba o Puente Pumar forman ese puñado de núcleos que componen Polaciones. Son pueblos pequeños incluso para los estándares de la montaña cántabra. Calles cortas, casas de piedra y muchas balconadas de madera orientadas al sol cuando aparece.
No hay grandes monumentos. Lo interesante está en cómo se han adaptado las casas al terreno: muros gruesos, cuadras en la planta baja, tejados inclinados para que la nieve o la lluvia no se queden demasiado tiempo encima.
En Pernía está la iglesia de San Pedro, bastante sobria. De esas que parecen más parte del barrio que un edificio pensado para llamar la atención. Si la encuentras abierta, se ve rápido; si no, basta con rodearla y seguir caminando por el pueblo.
A poco que te fijes salen detalles: escudos en algunas fachadas, portones de madera muy viejos o corrales pegados a las casas. Son cosas pequeñas, pero cuentan bastante sobre cómo se ha vivido aquí durante generaciones.
Caminar por el valle
El plan más natural en Polaciones es andar. No hace falta organizar nada complicado. Basta mirar un mapa y elegir algún camino que suba hacia el monte o que siga el fondo del valle.
Hay senderos que atraviesan prados y otros que se meten en bosque cerrado, donde el suelo suele estar cubierto de hojas y humedad. Las cuestas aparecen antes de lo que parece en el mapa, algo bastante típico en esta zona.
Si madrugas un poco es fácil ver movimiento en el monte. Corzos entre los matorrales, alguna rapaz dando vueltas arriba o señales de jabalí en los bordes del camino. Nada raro en un valle donde la presencia humana es bastante discreta.
Cuándo se ve mejor el valle
La primavera suele traer bastante agua y los prados muy verdes. El verano permite caminar por cotas más altas sin preocuparse demasiado por el frío, aunque arriba el viento aparece sin avisar.
En otoño el bosque gana protagonismo. Las laderas cambian de tono y los senderos se llenan de hojas. Eso sí, también llegan las lluvias más persistentes y algunos caminos se vuelven resbaladizos.
El invierno depende mucho de la nieve. Algunos años apenas cuaja; otros, las montañas del entorno aparecen blancas durante días. En ese caso conviene mirar bien el estado de la carretera antes de subir.
Lo que hay que entender antes de venir
Polaciones no funciona como otros destinos donde vas tachando sitios de una lista. Aquí el interés está más en el conjunto que en un punto concreto del mapa.
Es el tipo de lugar donde pasas por varios pueblos pequeños, aparcas un rato, caminas un poco y sigues valle arriba. Y en medio de todo eso te das cuenta de que llevas una hora sin escuchar más ruido que agua y algún cencerro.
También conviene asumir que la cobertura del móvil falla bastante. A veces desaparece durante kilómetros. Si vas a caminar, mejor llevar el mapa descargado o el track guardado.
Si vienes con pocas horas
Con poco tiempo lo más sensato es centrarse en uno o dos pueblos. Lombraña o Tresabuela, por ejemplo, se recorren rápido y sirven para entender bien el ambiente del valle.
Después puedes buscar algún camino cercano y caminar un rato entre prados o bosque. No hace falta mucho más para hacerse una idea de cómo es Polaciones.
Intentar verlo todo en una sola visita suele acabar en lo típico: mucho coche, pocas paradas y la sensación de haber pasado de largo por un sitio que pedía justo lo contrario. Aquí funciona mejor ir despacio y dejar que el valle marque el ritmo.