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sobre Ramales de la Victoria
Arte rupestre en cuevas
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Turismo en Ramales de la Victoria suele girar alrededor de dos cosas: las cuevas y la sierra que rodea el valle. El domingo de Pentecostés, por ejemplo, muchos vecinos suben hacia Covalanas en romería con la banda detrás. Flores, comida y caminata. No es un espectáculo montado: es gente del pueblo haciendo lo de siempre.
Aparcar y respirar
Ramales tiene dos niveles claros. La carretera pasa por arriba y desde ahí ves el pueblo en el fondo del valle. Si vas atento, encontrarás algún desvío para bajar y dejar el coche sin demasiada vuelta. Si sigues de largo acabas en la parte alta, donde la calle principal se estrecha bastante. Mejor aparcar y bajar andando.
El casco es corto y casi todo cae hacia el río Asón. En la plaza hay bancos, un quiosco y el palacio de Revillagigedo. Hoy se usa como biblioteca y sala cultural. La fachada sigue en pie; las torres originales se perdieron hace mucho tiempo. Si está abierto, entra un momento. Si no, se ve rápido desde fuera.
La iglesia de San Pedro está a un minuto. Piedra gris, tejado rojo y un campanario que se rehízo hace siglos tras varios daños. En las paredes aún se mencionan marcas de antiguos combates en la zona, aunque a simple vista cuesta distinguirlas.
Cuevas y ciervas
Las cuevas son el motivo por el que mucha gente llega hasta aquí. Covalanas guarda pinturas paleolíticas conocidas sobre todo por las ciervas rojas dibujadas en la pared. Para entrar hay que reservar con antelación y las visitas se hacen en grupos pequeños para no alterar el interior.
El acceso se hace por una pasarela metálica que sube por la ladera. No es largo, pero pica hacia arriba. Dentro apenas hay iluminación y la explicación se hace con linterna o puntero. Cuando apagan la luz se entiende por qué estas cuevas se conservan como se conservan: oscuridad total.
Cullalvera es otra historia. Mucho más grande, con una boca enorme que impresiona incluso antes de entrar. La Haza queda cerca también, aunque es menos conocida. Si te gusta caminar, hay senderos por el monte que conectan varias de estas zonas. Son recorridos cortos, entre robles y eucaliptos, con bastante subida en algunos tramos.
Escalada y vía ferrata
En las paredes calizas cerca del acceso a Covalanas hay una pequeña escuela de escalada conocida por la gente que escala en la zona. Vías cortas, roca vertical y bastante movimiento los fines de semana.
Muy cerca empieza la ferrata de El Cáliz. Es breve comparada con otras de Cantabria, con cable, algún paso aéreo y un puente tibetano. En menos de una hora se puede completar si ya tienes práctica. Aun así, casco, arnés y respeto por la pared. Debajo pasa el río y hay una zona de merendero donde suele parar la gente después.
Cocido y mantones
En la plaza y alrededores es fácil encontrar cocido montañés en los bares, sobre todo a mediodía. Plato contundente: alubias, berza y compango. Aquí se come sin muchas vueltas.
A principios del verano se celebra una verbena bastante conocida en el pueblo donde los mantones tienen protagonismo. La historia que se cuenta habla de un baúl antiguo encontrado tras una batalla en la zona, aunque nadie se pone muy de acuerdo con los detalles. Hoy lo importante es que la plaza se llena de música y baile hasta tarde, con ambiente de fiesta de pueblo.
Consejo directo
Llega por la mañana. Visita alguna cueva con reserva y luego camina un rato por el monte si te apetece estirar las piernas. Después baja a la plaza y siéntate un rato.
Ramales no vive del turismo como otros pueblos de Cantabria. No hay escaparates pensados para el visitante. Es un sitio de paso hacia el valle del Asón y las cuevas. Y funciona mejor si lo tomas así: parar, ver lo que hay y seguir camino.