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sobre Rionansa
Corazón del valle del Nansa
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El turismo en Rionansa me recuerda a cuando te sales de la carretera principal “solo a ver qué hay”. Sin un plan claro. De repente el valle se abre, aparece el río Nansa y empiezan a salir aldeas pequeñas entre prados. No hay un gran momento de llegada ni un cartel que diga “ya estás”. Simplemente estás allí.
Rionansa es un conjunto de pueblos repartidos por el valle del Nansa, en la comarca Saja‑Nansa. Viven poco más de mil personas y se nota. No hay grandes reclamos ni calles pensadas para el paseo turístico. Lo que ves es lo que hay: prados cerrados con muros de piedra, vacas que pasan el día mirando al río y casas que llevan generaciones en el mismo sitio.
La arquitectura es la que toca en un valle ganadero del norte: piedra, balcones de madera y escudos antiguos que aparecen en algunas fachadas. Pueblos como Celucos, Rozadío o Riosaco mantienen esa mezcla de vivienda, cuadra y huerta alrededor. Cuando caminas por ellos no da la sensación de estar visitando algo preparado para enseñar, sino de haberte metido en medio de la vida cotidiana del valle.
Qué ver cuando te adentras en el valle
Puentenansa suele funcionar como punto de referencia cuando uno llega a Rionansa. No es un casco histórico grande ni nada parecido, pero sirve para ubicarse y empezar a moverse por el municipio. La iglesia del pueblo —de esas sobrias que abundan por los valles cántabros— suele marcar el centro del pequeño núcleo.
A partir de ahí lo interesante es moverse por los pueblos cercanos y, sobre todo, fijarse en el paisaje. El río Nansa atraviesa todo el municipio entre praderas y manchas de bosque. Hay tramos donde puedes acercarte fácilmente a la orilla y sentarte un rato. No tiene misterio, pero a veces eso es justo lo que apetece.
Después de unos días de ruido y tráfico, escuchar solo agua y algún cencerro suena casi raro.
Caminar por Rionansa (sin muchas indicaciones)
Aquí pasa algo curioso: no todo está señalizado ni lleno de paneles. Muchas rutas salen por pistas rurales, caminos entre prados o senderos que usa la gente del valle para moverse entre pueblos.
Puedes caminar un rato siguiendo el curso del Nansa o subir por alguna pista hacia las laderas del valle. Lo sensato es llevar mapa descargado o preguntar a alguien del lugar antes de meterse demasiado. No es complicado orientarse, pero tampoco es un parque natural con cada giro indicado.
En el río también es habitual ver gente pescando en temporada, siempre con sus permisos y normas correspondientes. El Nansa ha tenido fama de río truchero, aunque como suele decir la gente de por aquí: las truchas saben más que nosotros.
Si solo tienes un rato
Si vas de paso, Rionansa funciona bien para una parada tranquila.
Puedes dar una vuelta por Puentenansa, acercarte al río y luego continuar en coche hacia alguno de los pueblos cercanos como Celucos o Rozadío. Son lugares pequeños, de los que se recorren en pocos minutos, pero ayudan a entender cómo se organiza el valle.
A veces basta con parar el coche, caminar diez minutos y mirar alrededor. No hay mucho más guion que ese.
Lo que conviene saber antes de venir
Rionansa no es un sitio de monumentos ni de listas largas de cosas que tachar. Si vienes con la idea de ver “lo principal” en una hora, probablemente te quedes un poco frío.
Aquí el interés está en el conjunto: el valle, los pueblos dispersos, el río y esa sensación de que todo va más despacio. Es el típico lugar donde el plan sale mejor cuando bajas el ritmo.
También conviene conducir con calma. Las carreteras del valle tienen bastantes curvas y las distancias engañan: en el mapa parece que todo está al lado, pero los minutos se alargan.
Y un detalle práctico: aparca con cabeza. Muchos caminos son estrechos y por aquí siguen pasando tractores, remolques y ganado.
Errores comunes al visitar Rionansa
Uno bastante habitual es intentar verlo todo en poco tiempo. El municipio está formado por varios pueblos separados y moverse entre ellos lleva más de lo que parece.
Otro es depender completamente del móvil. Hay zonas donde la cobertura flojea, así que llevar el mapa descargado evita dar vueltas innecesarias.
Y quizá el más típico: pasar sin bajarse del coche. En Rionansa lo interesante aparece cuando caminas un poco, aunque solo sea hasta el río o hasta el final de una calle.
Cómo llegar y qué llevar
La forma más habitual de llegar desde la costa es subir hacia el valle del Nansa desde la zona de Cabezón de la Sal y seguir la carretera que remonta el río. El trayecto ya va dando pistas de lo que te vas a encontrar: bosque, prados y bastante curva.
Lleva calzado cómodo y algo impermeable, incluso cuando el día empieza despejado. En estos valles el tiempo cambia rápido y los caminos se embarran con facilidad.
Rionansa no intenta impresionar a nadie. Es más bien uno de esos sitios donde el paisaje y la vida diaria van por delante de cualquier otra cosa. Y si llegas con esa idea en la cabeza, suele funcionar.