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sobre Herrerías
Tradición en el Nansa
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En la comarca de Saja-Nansa, entre prados y laderas de bosque atlántico, Herrerías es uno de esos municipios cántabros donde la calma manda. Con unos 400 habitantes y a baja altitud, el plan aquí va más de caminar despacio, mirar el paisaje y enlazar pueblos pequeños que de tachar una lista de “cosas que hacer”.
El nombre recuerda el pasado ligado a las ferrerías, aunque hoy el pulso lo marca la ganadería y un turismo rural discreto. Conviene aclararlo: Tresviso no pertenece a Herrerías; es un municipio independiente. En Herrerías, el recorrido más natural pasa por núcleos como Cabanzón o Puente Pumar, con casonas montañesas de piedra y madera que se entienden mejor viéndolas en su sitio, con humedad en las paredes y hierba en los márgenes.
Qué ver
- Iglesia parroquial de San Martín (en el núcleo principal): arquitectura religiosa rural, sencilla, con reformas de distintas épocas.
- Arquitectura popular: caserones montañeses, balconadas y corredores tradicionales; paseando por los barrios salen detalles sin buscarlos.
- Entorno natural: robles, hayas, arroyos y caminos entre prados en las estribaciones de la Sierra del Escudo de Cabuérniga.
- Puentes de piedra sobre regatos y ríos menores: pequeños hitos del paisaje, más agradecidos cuanto más despacio se recorren.
Qué hacer
Paseos y senderismo tranquilo por caminos rurales y pistas entre pueblos; observación de aves rapaces y fauna del bosque a primera o última hora; y cocina cántabra de casa (cocido, ternera, quesos, setas cuando toca), normalmente en alojamientos o en la comarca cercana.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta corta por el núcleo principal y parada en la iglesia de San Martín.
- Acércate a Cabanzón o Puente Pumar para ver caserío tradicional y cruzar alguno de los puentes de piedra.
- Remata con un camino entre prados cerca del pueblo, sin meterte en monte cerrado si el tiempo viene revuelto.
Errores típicos
- Calcular el trayecto “a ojo” y apurar: los últimos kilómetros pueden ser estrechos; mejor ir con margen y sin prisas.
- Salir a caminar tras varios días de lluvia con calzado liso: aquí el barro no perdona.
- Confiarse en verano: incluso con sol, por la tarde refresca y el tiempo cambia rápido.