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sobre Lamasón
Naturaleza salvaje del Nansa
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Lamasón es uno de esos municipios del interior de Cantabria que se entienden a base de ir despacio. Está hecho de aldeas pequeñas, prados ganaderos y laderas de bosque; un lugar para caminar sin ruido alrededor, con la sensación de estar lejos de la costa y de sus prisas.
Los núcleos conservan bien la arquitectura montañesa: casonas de piedra, solanas y balconadas de madera, hórreos y tejados de teja. Un paseo por Sobrelapeña, Lafuente o Río ayuda a leer el paisaje humano: las casas y las construcciones auxiliares pegadas al trabajo del campo, con caminos que conectan fincas y barrios.
En Quintanilla se encuentra la iglesia parroquial de San Pedro, sencilla y rural, con reformas acumuladas con el tiempo. No llama la atención por grandiosidad, sino por cómo encaja en el conjunto del pueblo: merece la pena llegar sin prisa y mirar alrededor.
El entorno natural completa la visita: robledales y hayedos en las umbrías, prados en cotas más bajas y arroyos que van dibujando pequeñas vegas. En otoño hay afición por las setas; mejor ir con conocimiento y respeto, porque aquí el monte se toma en serio.
En la mesa manda lo cercano: vacuno, quesos, cocido montañés y huerta, en una cocina de corte casero.
Si solo tienes 2 horas
- Paseo tranquilo por Quintanilla y sus alrededores, fijándote en hórreos, solanas y casonas.
- Parada en la iglesia de San Pedro y vuelta corta por un camino entre prados, entrando un poco en el bosque si el terreno está seco.
Errores típicos
- Llegar con el coche hasta el último rincón: los barrios son estrechos y la vida diaria sigue. Mejor aparcar donde no estorbes y continuar a pie.
- Ir al monte en otoño a por setas sin identificar bien: aquí hay mucha variedad y también confusiones frecuentes.