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sobre Rionansa
Corazón del valle del Nansa
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En la comarca de Saja-Nansa, Rionansa agrupa varios pueblos pequeños repartidos por el valle del Nansa. No llega a 1.100 habitantes y el paisaje manda: prados, bosque atlántico y casas de piedra donde la vida va a otro ritmo. El río marca el territorio y también el carácter del lugar: verde, silencioso y muy de interior.
El municipio mezcla arquitectura popular —casonas montañesas con balconadas de madera, escudos y muros de sillería— con robledales y hayedos que en otoño se encienden sin necesidad de ruido. Se viene a caminar por caminos vecinales, asomarse al valle y entender cómo son los valles cántabros lejos de las rutas más transitadas.
Qué ver en Rionansa
- Iglesia de San Martín de Puentenansa (capital municipal): una buena referencia para empezar a situarse.
- Pueblos y arquitectura tradicional: en núcleos como Celucos, Rozadío o Riosaco se conservan casonas y callejas que piden paseo lento, con respeto (aquí la mayoría de casas están habitadas).
- Río Nansa y bosques de ribera: tramos agradables para acercarse al agua y escuchar el valle.
Qué hacer
- Senderismo por pistas y caminos entre pueblos y manchas de bosque.
- Pesca en el Nansa (con permisos).
- Gastronomía de valle: vacuno, quesos, legumbres y huerta; cocina de temporada.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta a pie por Puentenansa y visita exterior de la iglesia de San Martín.
- Recorrido corto en coche hasta Celucos o Rozadío para ver el paisaje de prados y alguna casona.
- Parada junto al Nansa para caminar unos minutos por la ribera.
Errores típicos
- Intentar enlazar muchos barrios en poco tiempo: las distancias engañan y se disfruta más eligiendo dos o tres paradas.
- Aparcar tapando accesos a fincas o en pasos estrechos: mejor dejar el coche donde no estorbe, aunque toque andar.
- Confiarlo todo al móvil: hay tramos con poca cobertura; lleva mapa descargado.
Información práctica
Cómo llegar: desde Santander, A-67 hacia Cabezón de la Sal y después CA-181 remontando el valle del Nansa.
Consejos: calzado cómodo (calles y caminos irregulares) y vehículo propio para moverse entre núcleos.