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sobre Tudanca
Pueblo literario del Nansa
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En la comarca de Saja-Nansa, entre montes de hayedo y roble, Tudanca mantiene un pulso ganadero sin postureo. Es un pueblo pequeño —ronda los 200 vecinos— y se entiende caminando: arquitectura montañesa, casonas con escudos, balconadas de madera, corredores y patios donde la piedra manda.
Aquí la ganadería no es un decorado. La raza vacuna tudanca forma parte del paisaje y del día a día del valle. También hay una veta literaria: José María de Pereda pasó temporadas en el pueblo y ese ambiente de montaña se cuela en su mundo narrativo.
Qué ver
El casco se recorre en poco tiempo. Compensa fijarse en las casonas de los siglos XVII y XVIII y en los detalles de la arquitectura popular: portaladas, corredores y sillería bien trabajada.
La Casa de José María de Pereda se reconoce desde fuera; es propiedad privada, así que lo sensato es quedarse en la fachada y el entorno.
El Museo Etnográfico de Tudanca, instalado en una casona tradicional, ayuda a poner contexto: útiles de campo, vida doméstica y cultura pastoril ligada a la vaca tudanca.
La iglesia parroquial de San Andrés, de aire barroco, asoma por encima del caserío.
Qué hacer
Hay rutas de senderismo hacia brañas y collados; una de las más conocidas sube a las brañas de Busmayor. Para caminar, mejor mirar el tiempo y el estado de los caminos: aquí la niebla y la lluvia entran rápido.
En la mesa manda la cocina de montaña: guisos, quesos y, cuando aparece en carta, carne de tudanca.
Mejor época
Primavera y comienzos de otoño suelen dar buena luz y temperaturas llevaderas. En pleno invierno la humedad y el barro pueden complicar los paseos, y con niebla las rutas pierden gracia y seguridad.
Errores típicos
- Aparcar “un momento” bloqueando portillas, accesos a prados o pasos estrechos.
- Ir con calzado liso: piedra húmeda y barro piden suela con agarre.
- Salir a ruta sin comprobar previsión: en este valle el tiempo cambia en nada.