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sobre Piélagos
Dunas y parque natural
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Hay un momento al salir de Santander por la autovía. Los edificios empiezan a desaparecer.
De pronto el Cantábrico aparece a la derecha y el paisaje se abre.
Ahí empieza Piélagos.
Cuando buscas turismo en Piélagos entiendes rápido de qué va el lugar. No es un pueblo compacto. Es un municipio grande, repartido en varios núcleos. Renedo, Liencres, Boo. Nombres que suenan a cuadrilla de toda la vida.
Mirando el mapa parece un puñado de pueblos que alguien dejó caer cerca de la costa.
El municipio que creció mirando a Santander
La primera vez que vine fue por culpa de un amigo. Se había mudado aquí desde Santander.
"Está a quince minutos", me dijo.
Bueno. Depende del tráfico.
Piélagos funciona mucho como zona de vida diaria para gente que trabaja en la capital. Casas nuevas, urbanizaciones recientes y carreteras que cada mañana llevan coches hacia Santander.
Pero entre medias sigue estando el otro Piélagos.
El de las fincas. El de los gallineros. El de los tractores que aparecen en la carretera cuando menos te lo esperas.
Esa mezcla es curiosa. A ratos parece un pueblo grande. A ratos parece un barrio lejano de la ciudad.
Las dunas de Liencres, el paisaje que cambia cada año
Las Dunas de Liencres son lo más conocido del municipio. Y tiene sentido.
Desde el aparcamiento parece una playa amplia sin más. Arena, pinos y el mar al fondo.
Pero cuando caminas un poco cambia la cosa.
Las dunas se mueven. El viento las empuja despacio hacia el interior. Los pinos crecen torcidos, como si lucharan contra el aire.
El resultado es raro para el norte. Casi parece un pequeño desierto pegado al Cantábrico.
Valdearenas es la playa más larga. Cuando baja la marea queda una explanada enorme. Mucha gente camina o corre por la orilla.
En pleno verano hay bastante ambiente. En cuanto pasa agosto la cosa se calma mucho.
Cuevas antiguas y una estela que siempre sale en fotos
En Piélagos también hay historia antigua. Muy antigua.
Las cuevas de Santian y Calero II guardan pinturas rupestres. No son las más famosas de Cantabria. Por eso mismo mucha gente ni sabe que existen.
Las figuras son simples. Trazos rojos que apenas se distinguen. Pero cuando piensas en la edad que tienen cambia la mirada.
Es como ver una foto muy vieja de tu familia. Te recuerda que este lugar llevaba ocupado muchísimo antes.
Otra pieza conocida es la Estela de Zurita. La original está en Santander. En el pueblo hay una réplica.
Es una piedra grande con grabados antiguos. Mucha gente la fotografía aunque no tenga muy claro qué representa.
Lo cotidiano, que aquí pesa más que el monumento
En Piélagos lo que manda es la vida diaria.
Las plazas con gente charlando. Los bares con partidas de cartas. El vermut del domingo que se alarga más de lo previsto.
No hay grandes monumentos ni calles históricas interminables.
Pero sí hay ese ambiente que reconoces rápido si has pasado tiempo en pueblos del norte.
Sabes cuando entras en un sitio y notas que todo el mundo se conoce. Pues aquí pasa bastante.
Carreteras pequeñas para entender el sitio
Mi forma favorita de recorrer Piélagos es sencilla.
Coche, carretera secundaria y cero prisa.
Sales de Renedo y empiezan a aparecer desvíos hacia Arce, Quijano o Zurita. Giras por uno cualquiera.
Suelen terminar en una plaza pequeña. A veces hay un frontón. A veces solo un banco.
Te sientas un rato y miras alrededor.
Algún vecino pasa, alguien comenta el tiempo, alguien pregunta de dónde eres.
En ese momento entiendes el ritmo del lugar.
Piélagos no funciona como destino de gran escapada. Funciona mejor como sitio donde pasar horas tranquilas.
Como cuando vas a casa de un amigo y acabas quedándote más tiempo del que pensabas.