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sobre Santander
Capital de Cantabria
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Santander se estira entre el Cantábrico y la bahía, con ese punto elegante de ciudad marinera que también sabe ejercer de capital. Aquí el salitre se mete en las calles y, cuando amanece despejado, la luz sobre el agua explica buena parte del carácter santanderino.
La ciudad gira alrededor de su bahía, a la que siempre se vuelve de una manera u otra: desde los paseos junto al mar, desde las playas urbanas o desde miradores que asoman al puerto. Santander se recorre bien a pie por tramos, enlazando barrios y paseos sin necesidad de un gran plan.
Hay contrastes claros: el aire señorial del Sardinero, el ajetreo del frente portuario, la calma de la península de la Magdalena y rincones con sabor más popular. Es una ciudad de caminar sin prisa y sentarse a mirar la bahía cuando el tiempo acompaña.
Qué ver en Santander
El Palacio de la Magdalena es la postal más repetida. Se levanta en la península del mismo nombre, rodeado de jardines y con vistas abiertas a la bahía. El parque de la península da para un buen paseo costero.
La Catedral de Santander combina historia y cicatrices: tras el incendio de 1941 se reconstruyó, pero se conserva la cripta del siglo XIII, uno de los espacios góticos más interesantes de Cantabria. El claustro y el museo completan la visita.
El Centro Botín, de Renzo Piano (2017), marca el pulso cultural reciente y se asoma al agua con una arquitectura que ha cambiado la relación del centro con la bahía.
En playas, el Sardinero es la más conocida, con sus dos arenales separados por los Jardines de Piquío. La Magdalena queda más resguardada, y Mataleñas tiene un punto más abierto y bravo cuando el mar se levanta. También hay calas en la zona sur, menos obvias y más tranquilas si se llega temprano.
El Gran Casino del Sardinero y el Palacete del Embarcadero recuerdan la etapa de veraneo aristocrático, con edificios pensados para mirar al mar.
Qué hacer
Caminar el Paseo Marítimo desde el entorno del puerto hacia el Sardinero es una de las mejores maneras de entender Santander: cambian las vistas, el ambiente y el tipo de ciudad. Al atardecer suele estar especialmente bonito si no hay viento.
La gastronomía marinera se disfruta mejor en plan barra: rabas, bocartes y producto de mercado cuando apetece comer a lo cántabro sin complicaciones. El Mercado de la Esperanza es una buena parada para ver género y tomar el pulso cotidiano.
Si te tira el senderismo urbano, la vuelta por la Magdalena y el tramo de acantilados hacia Cabo Mayor y su faro dejan panorámicas serias, sobre todo con mar movida.
Los Jardines de Pereda dan un respiro verde en pleno centro, y el parque de Las Llamas sirve para paseos más largos. Para entender la relación de Cantabria con el mar, el Museo Marítimo del Cantábrico aporta contexto y piezas bien contadas.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas de Santiago se celebran en torno al 25 de julio, con una semana de actividades y ambiente que enlaza con la Semana Grande hasta principios de agosto.
La Virgen del Mar (16 de julio) mantiene el vínculo marinero con actos y procesiones.
En septiembre, el Festival Internacional de Santander reúne música, danza y teatro. En verano, la Semana Internacional de Vela aprovecha la bahía para regatas.
Información práctica
Santander está bien conectada: el aeropuerto Seve Ballesteros queda a unos 5 km del centro, y también hay tren y autobús. Por carretera, desde Bilbao se llega en poco más de una hora por la A-8 y desde Oviedo en torno a hora y media, según tráfico.
Si solo tienes 2 horas
- Paseo por los Jardines de Pereda y el frente de bahía.
- Vuelta por fuera al Centro Botín para ver el edificio y el entorno.
- Subida al Palacete del Embarcadero y un tramo del paseo para sacar una buena vista del agua y el puerto.
Errores típicos
- Ir al Sardinero a mediodía en pleno verano y esperar tranquilidad: mejor primera hora o última de la tarde.
- Quedarse solo en el centro: el salto a la Magdalena y el tramo hacia Cabo Mayor cambian por completo la película.
- Confiar en mover el coche en horas punta: si puedes, deja el coche y enlaza paseos a pie por tramos.
Mejor época
De mayo a septiembre es cuando más se aprovechan playas y paseos, con temperaturas más amables. Julio y agosto concentran más gente y más tráfico; si buscas una ciudad más respirable, junio y septiembre suelen funcionar mejor, con días largos y menos saturación.