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sobre Bareyo
Playas vírgenes de Trasmiera
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A pocos kilómetros de Santander, donde la Trasmiera se asoma al Cantábrico, Bareyo va a su ritmo: barrios dispersos entre prados, caseríos y tramos de acantilado. El mar aparece a ratos: en la brisa, en una vista entre fincas, al final de una pista rural. Aquí no hay grandes complejos ni paseos marítimos largos; lo que hay son accesos a calas, caminos entre muros de piedra y esa sensación de estar entre lo marinero y lo ganadero.
Qué ver en Bareyo
El patrimonio es discreto y a mano. La Iglesia de San Martín de Bareyo preside el núcleo principal, con aire medieval pese a las reformas. En Ajo, la Iglesia de San Martín de Ajo acompaña a un paisaje donde el campo y la costa se mezclan sin alardes.
En la parte norte mandan los acantilados y los tramos de costa abierta. Las playas del municipio —Galizano y Arenillas— tienen un punto más agreste que otras de la zona. En Galizano, el acceso por escaleras ayuda a que no se llene tanto y, cuando entra mar, se ven surfistas.
Qué hacer
Bareyo se disfruta a escala pequeña: paseos por caminos rurales entre barrios, acercarse a la costa cuando el día está claro y dedicar un rato a mirar el Cantábrico desde arriba. Si te apetece baño, cuenta con accesos a pie y con que el oleaje puede cambiar el plan.
En la mesa, lo habitual en la zona: producto del mar, carne de vacuno y lácteos de Trasmiera, con postres caseros en muchas casas.
Si solo tienes 2 horas
- Sube a un tramo de acantilado para leer la línea de costa con calma.
- Da un paseo corto por alguno de los barrios (Güemes, Ajo o Bareyo), fijándote en casonas y arquitectura popular.
- Si el mar lo permite, baja a Galizano o Arenillas y vuelve sin prisas.
Errores típicos
- Bajar a la playa sin calzado: hay escaleras, rampas y terreno irregular.
- Aparcar donde estorba: algunos accesos son estrechos; mejor dejar el coche sin bloquear entradas, fincas ni pasos.
- Ir con prisa: funciona mejor a base de paseos cortos y paradas.