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sobre Escalante
Pueblo medieval entre marismas
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A primera hora, la luz en el borde de las marismas de Santoña, Victoria y Joyel entra con una claridad fría que deja ver el suelo húmedo y el reflejo del cielo sobre el agua quieta. Entre los prados bajos y los caminos de tierra, el silencio solo se rompe por el canto de las aves o el crujido de alguna rama bajo las botas. Escalante aparece así, sin grandes gestos: un pueblo donde el paisaje pesa más que cualquier edificio.
El núcleo del pueblo, entre casas antiguas y huertas
Escalante, en la comarca de Trasmiera, tiene poco más de setecientos habitantes y un caserío bastante disperso. Las calles del centro se organizan alrededor de casas con tejados de teja roja o pizarra, algunas con escudos en la fachada que recuerdan antiguas familias hidalgas de la zona. No son palacios llamativos; más bien construcciones sólidas, de piedra oscura, con portones anchos y balcones de madera que han visto muchas décadas de lluvia del Cantábrico.
La iglesia de San Martín de Tours suele fecharse en el siglo XIII. Tiene una torre cuadrada que se ve desde varios puntos del pueblo y una portada sobria con arcos lombardos. La puerta no siempre está abierta, pero cuando coincide, dentro se nota enseguida el cambio de temperatura y el olor a piedra vieja. No hay demasiada ornamentación: muros gruesos, luz escasa y ese silencio típico de las iglesias rurales que apenas se usan a diario.
Al caminar por el pueblo aparecen pequeños detalles: rejas antiguas en las ventanas, balconadas sin apenas decoración, portales de madera que todavía conservan marcas del uso. En las afueras siguen viéndose corrales y huertas pequeñas, muchas pegadas a las casas.
El borde de la marisma
El término de Escalante llega hasta el límite de las marismas del parque natural. Allí el paisaje cambia de golpe.
Con la marea baja aparecen canales estrechos y zonas de barro grisáceo donde las aves rebuscan alimento. Cuando sube el agua, todo se aplana y la marisma se convierte en una superficie brillante donde se reflejan las nubes. Garzas, limícolas y otras aves migratorias pasan gran parte del año aquí, así que no es raro ver gente con prismáticos en los caminos.
No hay grandes infraestructuras ni plataformas elevadas. La mayoría de las vistas se consiguen desde caminos rurales o pequeños claros entre prados y setos.
Caminos sencillos para recorrer a pie
Desde el centro del pueblo salen varios senderos fáciles que se acercan a la marisma o atraviesan zonas de prados. No son rutas señalizadas como en un parque natural más turístico; a menudo son pistas agrícolas que utilizan vecinos y ganaderos.
En menos de una hora se puede dar un paseo tranquilo hasta el borde de las marismas y volver. La gracia está en ir despacio: mirar cómo cambia el color del agua, escuchar los pájaros escondidos en los arbustos o seguir el movimiento de la marea que entra y sale sin hacer ruido.
Conviene llevar calzado que aguante barro. En días húmedos algunos tramos se vuelven resbaladizos, sobre todo cerca de los canales.
Escalante como base para moverse por Trasmiera
Por su ubicación, Escalante queda a un paso de varios puntos de la costa oriental de Cantabria. En coche se llega rápido a Laredo, Santoña o Colindres, lo que permite combinar una mañana tranquila en el interior con un paseo por el litoral.
Santander también queda relativamente cerca si se quiere ampliar la jornada. Aun así, mucha gente que llega hasta aquí lo hace precisamente por lo contrario: parar un rato y caminar sin demasiada prisa.
Cuándo venir y qué tener en cuenta
Las primeras horas de la mañana suelen ser el momento más agradable. La luz entra baja sobre las marismas y hay menos tráfico en los caminos. Al atardecer también cambia mucho el paisaje, sobre todo cuando la marea está subiendo.
Si ha llovido varios días seguidos, algunos senderos se embarran bastante. En esos casos lo más sensato es quedarse cerca del pueblo y moverse en trayectos cortos.
También conviene aparcar en zonas claras y no bloquear accesos a fincas. Muchos caminos se siguen utilizando para trabajo agrícola o ganadero.
Escalante no gira alrededor del turismo ni intenta llamar la atención. Lo que hay es un pequeño núcleo rural pegado a una de las marismas más importantes del Cantábrico. A veces basta con caminar hasta el borde del agua, quedarse un rato mirando cómo cambia con la marea y volver despacio por el mismo camino. Aquí el ritmo suele ser ese.