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sobre Medio Cudeyo
Palacios barrocos de Trasmiera
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Medio Cudeyo es un municipio que se explica por su posición. No es la montaña cerrada de los valles interiores ni la costa abierta; es el terreno de transición entre la bahía de Santander y las primeras estribaciones de Peña Cabarga, surcado por la vega baja del río Pas. La mayoría llega por Solares, a un cuarto de hora de Santander en el tren de cercanías. El paisaje cambia rápido: la bahía queda atrás y aparecen prados abiertos, vacas y núcleos dispersos. Aquí, la actividad se reparte entre varios barrios, un patrón común en la Trasmiera.
Un municipio con dos centros
Administrativamente, el ayuntamiento está en Ceceñas, un conjunto de barrios con caseríos y pequeñas plazas que mantienen un aire más rural. Pero el peso del día a día recae en Solares, donde paran los trenes y donde se concentran los comercios. Esta dualidad no es casual. Históricamente, Ceceñas miraba al campo y a las comunicaciones con el interior, mientras Solares creció vinculado al ferrocarril y, sobre todo, al agua.
Si se sigue la carretera hacia Valdecilla, aparece otro paisaje significativo: el entorno del antiguo hospital del Marqués de Valdecilla, un proyecto sanitario de principios del siglo XX. Los palacetes y jardines anexos, ahora en uso institucional, hablan de una época en la que esta zona se convertía en lugar de reposo para la burguesía santanderina.
El balneario y la memoria del agua
La historia reciente de Solares está ligada a sus manantiales. Desde el siglo XVIII, textos médicos mencionaban las propiedades de estas aguas, y para el siglo XIX ya había un establecimiento termal modesto. El edificio que define el centro del pueblo es el balneario construido a comienzos del siglo XX, con sus galerías acristaladas y una arquitectura propia de la cultura del agua medicinal de la época. De los mismos manantiales surgió la industria embotelladora, que dio fama al nombre de Solares.
Este agua no siempre es tranquila. El río Pas marca el límite sur del municipio y sus crecidas forman parte de la memoria local. Las riadas importantes —la de 1893, la de 1948— se recuerdan todavía en relatos sobre puentes arrastrados y vegas anegadas.
Arquitectura señorial dispersa
Conduciendo por las carreteras secundarias se ven casas fuertes y palacios rurales entre prados. Son residencias de linajes locales que controlaban tierras y caminos. Una de las más reconocibles es la Torre Alvarado, del siglo XVI. No es una torre defensiva medieval al uso; es una casa fuerte con elementos simbólicos como las almenas y un gran escudo en la fachada. Es propiedad privada, pero desde el camino se aprecian bien sus sillares y su volumen compacto.
Hay otros palacios de los siglos XVII y XVIII, a menudo rodeados de fincas con árboles notables —secuoyas, cedros— plantados en el siglo XIX cuando estaba de moda traer especies exóticas. Rara vez están abiertos, pero su presencia estructura el paisaje histórico.
Quesadas, sobaos y cocina de vega
La repostería aquí sigue siendo oficio local. En varios obradores del municipio se elaboran quesadas y sobaos con recetas familiares. La quesada se hace con queso fresco de vaca, huevos, azúcar y un toque de limón o canela según la casa. Los sobaos se reconocen por su forma rectangular y el aroma a mantequilla. Es más fácil encontrarlos en ferias o mercados que en grandes superficies.
En las cartas de los bares aparece el cocido montañés, con alubias blancas y compango. Es un plato contundente, ligado al trabajo en el campo y a los días fríos.
Cómo moverse por el territorio
El tren de cercanías es la forma más directa de llegar sin coche. En automóvil, la autovía del Cantábrico pasa muy cerca y tiene salidas hacia Solares o Ceceñas.
El municipio se recorre en una jornada tranquila. Desde Solares salen paseos cortos por las fuentes y caminos de ribera. Para vistas más amplias, las rutas que se acercan a las faldas de Peña Cabarga permiten ver la bahía de Santander y buena parte de esta franja de Cantabria.
Si interesa la arquitectura popular, conviene desviarse hacia barrios como Valdecilla o Sobremazas. Entre los caseríos aún quedan algunos hórreos y construcciones auxiliares que muestran cómo era la vida rural antes de que el área se volcara hacia la capital.