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sobre Ribamontán al Mar
Capital del surf cántabro
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En la comarca de Trasmiera, donde los prados cántabros casi tocan el Cantábrico, Ribamontán al Mar reúne varios núcleos costeros e interiores y ronda los 4.600 habitantes. A un salto de Santander, mezcla playas abiertas, tramos de acantilado y pueblos con casas montañesas donde todavía se hace vida de barrio.
Aquí compensa ir sin prisa: un paseo por las aldeas, un alto en algún mirador natural y, si apetece, entrar en alguna iglesia o ermita para entender mejor el paisaje humano que hay detrás de la postal.
Qué ver en Ribamontán al Mar
En Suesa, capital municipal, se ven buenas casonas montañesas (siglos XVII y XVIII), con balconadas y escudos que hablan de etapas de prosperidad. La iglesia parroquial de San Pedro remata una vuelta sencilla por el núcleo.
En otros pueblos del municipio, como Langre o Galizano, aparecen ermitas y capillas pequeñas que ayudan a leer el territorio: disperso, agrícola y muy pegado al mar.
El litoral es lo más reconocido: la playa de Langre, encajada entre dunas y paredes rocosas, luce especialmente bien fuera de temporada. Se suman la playa de Galizano y la playa de Somo (compartida con el municipio vecino), con ambiente muy vinculado al surf. Desde los acantilados y puntos altos de la costa hay panorámicas amplias y, con calma, se ven aves marinas.
Qué hacer
El surf marca el ritmo en Somo y también en otras playas, con escuelas en temporada. Para caminar, hay recorridos que conectan la costa entre Langre y Galizano, alternando senderos y tramos junto a los acantilados. Además, por el municipio pasa el Camino de Santiago del Norte en su trazado hacia Santander.
En la mesa manda el producto: pescados y mariscos, carnes de la zona y quesos de Trasmiera; las sidrerías ponen el punto informal.
Mejor época
En primavera y otoño se disfruta con menos gente y una luz muy agradecida para la costa. En verano, sobre todo en fines de semana y días de calor, las playas se llenan y los accesos se vuelven más lentos; si puedes, madruga o ve a última hora.
Errores típicos
- Plantarse en Langre en hora punta: el acceso y el aparcamiento se complican rápido.
- Confiarse con el Cantábrico: corrientes y oleaje cambian en poco tiempo; respeta banderas y señales.
- Quedarse solo en la arena: en poco rato puedes entrar a los pueblos y entender mejor lo que estás viendo.